Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Empresas de cartón… y Walmart

“En la mayoría de casos, el falso entramado viene de la propia empresa compradora formal” (Juan Solórzano Foppa, entrevista FM 100.1 lunes 18 de diciembre).

— Edgar Balsells
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En reserva se ha declarado el denominado Caso DCI, en el que están involucrados los más altos exgerentes de la empresa Desarrolladora Internacional, Sociedad Anónima, miembro del Conglomerado Walmart Guatemala. La reserva se decretó a solicitud de la Fiscalía, que se encuentra en período de investigación y la publicidad de las actuaciones judiciales podría entorpecer las pesquisas. Se trata así de una imputación de delitos por defraudación tributaria y casos especiales de defraudación tributaria.

La empresa en cuestión se dedica a la compra-venta de mercadería en general, desde embutidos y carnicería hasta regalos para el Día del Cariño, pasando por juguetería y vestimenta de toda clase. Es entonces una megabodega, localizada en Nueva Montserrat, que es parte de la logística fundamental de lo que los gringos denominan como retail business o bien comercio al detalle; siendo que Walmart a nivel mundial se encuentra en una lucha de cuerpo a cuerpo con Amazon, por mostrar al público quién tiene los mejores precios.

Numerosas son las investigaciones, de todo corte, desde lo más académico que involucra el estudio de los monopsonios (monopolios de grandes compradores), hasta ligas de consumidores y asociaciones de empresarios medios, que se preguntan si ese beneficio que los gigantescos supermercados le otorgan al consumidor es, a la larga, una senda del bienestar a largo plazo en el ambiente globalizado, o más bien la prueba de la subsunción del trabajo y la producción al capital comercial.

Cuando el trabajo y la producción se subsumen en el capital comercial y el financiero, los dos primeros se subordinan a los segundos, y entre todos se entreteje una relación interna, determinando todo ello una mezcla de relaciones sociales a menudo conflictivas, tal es el caso de la vulgarización en nuestro medio de las empresas informales y las formales. Y es que hasta el uso del término informal es despectivo, ya que coloca dentro del mismo costal a un humilde intermediario de la Terminal y al entramado de empresas de cartón diseñadas y puestas en práctica por leguleyos conocedores de la impunidad y corruptelas de la regulación mercantil del medio.

Por medio de un comunicado, los altos ejecutivos de Walmart Guatemala no tuvieron más que aceptar que DCI y otra empresa también implicada, de nombre Operadora de Tiendas, S.A. han sido víctimas de una estructura criminal, y que no les queda más que prestar toda la colaboración a los investigadores judiciales. Ni modo si incluso el Superintendente de la SAT, se entrevistó con los grandes jefes en la propia Roma del Potomac (Washington, D.C.).

Para ver las cosas en positivo –porque en este tema hay mucha tela que cortar–, resulta fundamental que los diferentes entes de cooperación y desarrollo que se ocupan de la ayuda internacional al país, léase la poderosa Embajada de los Estados Unidos de América, y su Departamento de Agricultura USDA (United States Department of Agriculture), así como los numerosos proyectos de USAID y ahora del Plan para la Prosperidad, hagan una revisión a fondo de sus programas de encadenamientos productivos, que venden al modelo Walmart como un mercado final ejemplar, del que se benefician miles de productores centroamericanos, al poder realizar sus productos bajo contratos que ellos mismos denominan como No predatorios, al punto que la Gremial de Exportadores ha venido desarrollando un millonario programa de ese tipo en Guatemala.

Resulta difícil creer que un conglomerado como Walmart, mundialmente famoso por el negocio de las cadenas de valor, ignore algo tan fundamental como la estructura de sus proveedores, y si ello ha sido así, peor: implica un tremendo desafío para la millonaria ayuda estadounidense al área, y para las prácticas anticorrupción
EE. UU.-Guatemala.

 

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