Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Todo cambia

No es extraño que si todo cambia también cambie y se transforme el Estado.

— Amílcar Álvarez
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Uno de los inventos más valiosos de la humanidad es el Estado. Consolidado por una ideología determinada y determinante, es el eje central en la organización social, política y económica, convertido por su solidez en un instrumento valioso al elevar la condición humana modificando la vida de millones de personas. Adaptando su estructura a diferentes civilizaciones sin afectar la esencia, transitó del absolutismo al sistema democrático, delegando el pueblo en las urnas su soberanía en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pilares que lo sustentan. Al consolidarse el Marxismo y el Capitalismo como sistemas, surgió la disputa por establecer una ideología universal impulsando políticas económicas y sociales no exentas de contradicciones para consolidar su hegemonía con un pensamiento único y una única forma de vida, tratando de alcanzar el bienestar universal con métodos diferentes propios del capitalismo democrático y del socialismo real. A mediados del siglo XIX se realizó en Inglaterra un experimento de ingeniería social de gran calado a través del libre mercado, pretendiendo liberar la vida económica del control social y político sin lograrlo. En el XX el desmantelamiento de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín simbolizó el fin del comunismo y el surgimiento de un periodo de esplendor neoliberal que duró apenas una década liderado por Margaret Thatcher en Inglaterra, prometiendo lo que el comunismo no hizo, apagándose sin remedio por su propio peso enfrentado a su principal enemigo: la realidad. Antes fortaleció instituciones como la Organización Mundial de Comercio –OMC– útiles para impulsar la democracia capitalista globalizada, fantasía causante en gran medida de los actuales dolores de cabeza del mundo. Los sistemas ideológicos de la ilustración no lograron satisfacer las necesidades humanas que incluyen seguridad, salud, educación, etcétera, sin que los regímenes que las satisfagan tengan que ser democráticos por obligación, lo cual es una luz de esperanza en la tragedia que viven países como Guatemala, donde el pacto social que los rige es una farsa y al parecer lo será hasta el fin de los siglos, al faltarle equilibrio psíquico a los dirigentes en todos los niveles, dedicados a cultivar los vicios de la democracia y no sus virtudes perdiendo lo que se ha ganado al no ser acumulativas las mejoras sociales en la actividad política.

Una de las consecuencias de la evolución acelerada de la humanidad por el avance de la ciencia y la tecnología es poner en solfa doctrinas convertidas en verdades absolutas, elaboradas sin substancia por intereses definidos en tiempo y espacio. De esa cuenta, lo que en el pasado era verdad hoy es mentira y lo ilegal es legal o viceversa, reflejándose los efectos en el pensamiento y la conducta de la juventud, al descubrir el abismo que hay entre la realidad real y la ideológica, cuestionando su utilidad en la solución de la problemática social analizada desde su perspectiva. Al visualizar un horizonte distinto incluyendo la voluntad, los deseos y los sentimientos, la pretensión es rediseñar a los seres humanos alterando su naturaleza de la mano de la inteligencia artificial evolucionada, por lo que no es extraño que si todo cambia también cambie y se transforme el Estado, modificando su estructura al no satisfacer las necesidades humanas en las sociedades donde el poder de la ignorancia es perpetuo y no existe honradez política, unidad de propósito ni de acción, surgiendo una pregunta que perturba a los políticos: ¿Es indispensable el Organismo Legislativo? ¿Debe sustituir la tecnología a los legisladores? El mal endémico de la democracia es su degradación, perdiendo vitalidad al no existir voluntad política de hacer cambios que la sociedad necesita y exige. En esas condiciones, creer que es viable y puede convertirse en la salvación de los países periféricos como el nuestro es un autoengaño monumental. De repente es útil ser conejillos de Indias. Digo. Abordar la naturaleza del Estado y su relación con el poder en una pincelada es difícil, y fácil omitir aspectos que requieren un análisis riguroso que no se pretende, por ahora.

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