Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La sociedad del costo marginal cero

Ese es el mundo que está naciendo y del cual somos actores y testigos, pero ¿Qué estamos haciendo como país para prepararnos?

— Juan Carlos Méndez
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Hace casi trescientos mil años apareció el homo sapiens en las sabanas semiáridas del África oriental; hace aproximadamente diez mil años se asentó a las orillas de grandes ríos dando origen a la era agrícola y al nacimiento de las primeras agrupaciones sociales sedentarias; transcurrida la Edad Antigua y Media, hace apenas doscientos cincuenta años, se produjeron dos revoluciones industriales que transformaron radicalmente la civilización humana y a partir de la primera década del presente siglo iniciamos una tercera que nos llevará a experimentar cambios inimaginables en el desarrollo económico y social de la humanidad.

La primera Revolución Industrial, según Jeremy Rinkin ocurrió entre 1775 y 1840, seguida casi inmediatamente por una segunda que se extendió hasta el año 2008 y que coincide con el aumento sin precedentes de los precios internacionales del petróleo. Ambas revoluciones fueron provocadas por disrupciones tecnológicas en las comunicaciones y en las fuentes energéticas. Durante la primera los factores radicales de cambio fueron la máquina de vapor, el ferrocarril, el acceso a carbón barato y la invención del telégrafo; mientras que para la segunda los detonantes fueron el petróleo, la invención del vehículo, el teléfono y las vías de comunicación terrestres y aéreas. Para ambas fue necesaria la existencia de un modelo capitalista basado en la propiedad privada, economías de mercado y la creación de organizaciones verticalmente integradas, con las cuales se logró reducir los costos marginales de producción de forma relevante, beneficiando a una gran proporción de la población mundial. A esto se refería Adam Smith cuando escribía sobre la riqueza de las naciones.

La tercera revolución, la cual ya estamos experimentando, está basada en el Internet y las energías renovables, es decir de nuevo disrupciones tecnológicas en la comunicación y las fuentes energéticas. El resultado es un mundo infinitamente más conectado en el cual prácticamente cada persona tendrá un celular inteligente, donde los servicios informáticos serán de código abierto y desarrollados en forma colaborativa, la educación será gratuita y accesible para todos, y la mayoría de las personas podrán generar su propia energía eléctrica en casa gracias a la energía solar; el Internet de las cosas, es decir el control automatizado, a distancia y robotizado de la mayoría de las actividades económicas aumentará dramáticamente la productividad; a lo anterior sumemos el desarrollo de la impresión en tres dimensiones, la cual permitirá la producción de artículos de uso diario en forma individual o en la comunidad. Esta nueva plataforma de comunicación y energía hará que el costo marginal de las cosas tienda a cero iniciando con ellos una nueva etapa de prosperidad y democracia no vista antes. Ese es el mundo que está naciendo y del cual somos actores y testigos, pero ¿Qué estamos haciendo como país para prepararnos?

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