Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El momento de la verdad

La Comisión de Postulación deberá votar a seis candidatos a fiscal general del Ministerio Público (MP) y será el presidente de la República quien lo designe.

— estuardo porras zadik
Más noticias que te pueden interesar

El presidente Jimmy Morales tiene la difícil tarea de elegir al sucesor de Thelma Aldana. Difícil, si el interés del Ejecutivo fuese el de seleccionar a la persona idónea y representativa de los anhelos e intereses de la gran mayoría de guatemaltecos. Sin embargo, esta tarea puede ser sumamente sencilla, si sus intereses ceden al miedo y más si se deja influenciar por las presiones de la minoría que lucha incansablemente por castrar a la institución y con ello, volver estéril a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

Al declarar no grato al comisionado Iván Velásquez, el presidente Morales definió su postura de manera frontal, ignorando el abrumador apoyo que tanto la CICIG como el comisionado poseen por parte de la gran mayoría de guatemaltecos y de la comunidad internacional. Este, aunado a otros desaciertos le hace acreedor de una bajísima aprobación popular del 19 por ciento, reflejo del claro divorcio entre sus intereses y aquellos del pueblo. Motivado por el miedo de que su hijo y su hermano terminen en la cárcel, que las denuncias que propiciaron los fallidos intentos de retirarle el derecho de antejuicio –que continúan vigentes– le acechen dejando el cargo, y por la mala asesoría de aquellos que por defender sus intereses le alimentan sus temores, el presidente decidirá cómo serán los próximos dos años de la CICIG. En esta elección se pondrán a prueba su autonomía, autoridad y objetividad, o se declarará finalmente como el Judas del Estado; el que permitió que se perdiera la oportunidad de una Guatemala más justa para todos. Será él mismo quien definirá su lugar en la historia de nuestro país.

Por hoy, aparenta ser que si llegasen a ser nominados Jesús, Mandela, el papa Francisco, la Madre Teresa, Gandhi, y un diplomático guatemalteco, nuestro próximo fiscal general sería un exembajador. Un cínico mensaje al que los guatemaltecos le deberíamos poner aguda atención, ya que vaticina un resultado que aparenta ser de interés para el mandatario y su círculo más cercano. No obstante, antes de dejar en la manos del Ejecutivo la selección del próximo fiscal general, deberá ser elegido el sexteto del cual saldrá el ungido. Es ahí en donde los que queremos una mejor Guatemala nos debemos de enfocar; en quiénes participan en la contienda y en quiénes los eligen, ya que de colarse al sexteto la persona incorrecta, será demasiado tarde y todo lo logrado hasta la fecha en temas de seguridad jurídica, se convertirá en historia.

Se caen los guantes en esta que debiese ser una de las batallas más importantes para los guatemaltecos. En esta, el péndulo pudiese favorecer a quienes se han visto amenazados o directamente afectados por la labor del MP y la CICIG a partir del 2015, o en contraposición a quienes luchan porque se continúe con el rescate de una Guatemala cooptada por los poderes fácticos. Con esto no pretendo condenar a aquellos que se vieron afectados –aseverando que son parte de quienes apoyan a los que intentan incapacitar a la CICIG–, sino que intento hacer conciencia de que el interés colectivo por un mejor país debe de estar por encima de los intereses y aflicciones personales. Una mala apuesta nos costará caro a todos y nuestra historia nos recuerda que la factura inevitablemente se paga.

A quienes deseamos una mejor Guatemala nos toca hoy estar atentos, informados y listos para apoyar las iniciativas que surgirán en defensa de una elección transparente, objetiva y apegada a la idoneidad que el cargo requiere. Para ello es inminente que quienes los elijan estén claros de que la mayoría de la población les exigirá, juzgará y condenará dependiendo de sus decisiones.

Etiquetas: