Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Jerusalén, ¿la ciudad de la paz?

En mayo 14 de 1948 los judíos declararon unilateralmente la creación del Estado de Israel con lo que se inició el interminable conflicto entre judíos y palestinos.

— Roberto Blum
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Hace unos tres mil años, David –el “amado” de Dios y de Jonatán– convirtió a esta antigua ciudad en su capital. Melquisedec, cuyo nombre significa “rey justo”, gobernaba Jerusalén, la “ciudad de la paz”, en la época del patriarca Abraham, “padre de muchos pueblos”, a través de los descendientes de sus hijos Ismael e Isaac.

Hoy, los herederos de esos dos hijos de Abraham, árabes y judíos pelean a muerte por la posesión de esa antigua ciudad que quizás debería más bien llamarse “Urmaljamá”, la ciudad de la guerra final.

Hace setenta años, los países del mundo acordaron establecer un “Estado refugio” para los judíos sobrevivientes del “holocausto nazi” en el territorio de Palestina. Unos dos mil años antes, los romanos habían destruido el templo de Herodes de Jerusalén y dispersaron a los judíos, quienes desde entonces vagaron por el ancho mundo sin un territorio propio al que pudieran llamar Patria.

Los judíos religiosos esperaban al Mesías quien los conduciría de nuevo a la “tierra prometida”. Sin embargo, muchos judíos europeos habían sido contagiados por las ideas de la ilustración y el nacionalismo surgidos de la Revolución Francesa. Estos no querían esperar pasivamente al Mesías, sino que decidieron organizar el movimiento sionista para construir un Estado-nación en “eretz Israel”, la tierra de Israel.

El periodista austrohúngaro Teodoro Herzl logró reunir en Basilea en 1897 al Primer Congreso Sionista que decidió “establecer para el pueblo judío un hogar legalmente asegurado en Palestina”. En 1917 el secretario de Asuntos Exteriores británico, Arturo Balfour le escribió a Leonel Rothschild, líder de la comunidad judía en Inglaterra, que el gobierno inglés vería con buenos ojos el establecimiento de un hogar judío en Palestina. Así, los sionistas comenzaron a promover la inmigración de judíos de Europa oriental a Palestina mientras que los judíos ricos de Europa occidental aportaban el dinero necesario para comprar tierras en esa región del antiguo imperio Otomano.

El ascenso de Hitler al poder en Alemania en 1933 y la persecución genocida que el nazismo llevó a cabo contra los judíos europeos obligó a la conciencia mundial en noviembre de 1947 a resolver en la Asamblea de las Naciones Unidas la creación de dos Estados en el territorio palestino. Un Estado para los judíos y otro para los palestinos. La resolución de los 57 Estados miembros no fue unánime. Treinta y tres Estados votaron a favor, trece votaron en contra, diez se abstuvieron y uno estuvo ausente. Esa resolución fue el inicio de una larga guerra que todavía hoy no termina.

En mayo 14 de 1948 los judíos declararon unilateralmente la creación del Estado de Israel con lo que se inició el interminable conflicto entre judíos y palestinos.

Esta semana, el presidente estadounidense declaró que los Estados Unidos reconocían a Jerusalén como la capital de Israel, con lo cual otorgó gratuitamente al gobierno israelí la más importante “ficha” que el mundo tenía para obligar a Israel a negociar una paz justa con los palestinos. Sin embargo, parece que ninguno de los otros grandes países está dispuesto a reconocer que esa disputada “ciudad de la paz” o “ciudad de la guerra” sea la capital de un Estado en permanente estado de beligerancia con sus vecinos, los árabes palestinos, su Estado y potencialmente la “umma” musulmana.

Ojalá la Urmaljamá actual se convierta de verdad en la futura y verdadera Jerusalén.

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