Miércoles 22 DE Mayo DE 2019
Opinión

Exigencias de mujeres tejedoras

Ixchel, deidad ancestral del tejido, no marca comercial

Fecha de publicación: 09-12-17
— Anamaría Cofiño K.

Esta semana, más de veinte mujeres tejedoras de Sololá, Chimaltenango y Sacatepéquez, integrantes del Consejo Protector de los Tejidos, reconocidas y delegadas como autoridades para el resguardo de los mismos, presentaron una acción constitucional de amparo contra el Instituto Guatemalteco de Turismo, Inguat, por la folclorización y mercantilización que hace de la niñez y las mujeres indígenas, en sus campañas publicitarias para promover Guatemala como destino cultural, nombrándolo Corazón del Mundo Maya. Hecho que en sí parece irónico, al contrastarlo con la realidad que padecen en la actualidad los pueblos y en particular, muchas mujeres mayas.

En distintos artículos de promoción turística, aparecen los tejidos como un atractivo, elogiados por sus vivaces colores. Pero no se valora todo el conocimiento y trabajo que conllevan, ni a las mujeres que los producen, a quienes se les niega todo tipo de apoyos.

La folclorización uniformiza y simplifica la cultura maya que tiene sus propias interpretaciones, historias, idiomas y procesos. Desde la visión racista y excluyente que predomina, se le resta valor a la producción artística heredada de abuelas a nietas, menospreciándola.

Consideran las autoridades que dichas políticas atentan contra la dignidad y el desarrollo integral de las mujeres tejedoras indígenas, porque utilizan sus imágenes, su cultura y sus productos, sin tomarlas en cuenta como sujetos, tanto a la hora de diseñar y hacer las políticas, como en la distribución de las ganancias obtenidas por la industria turística.

Es comprensible que surja rechazo de parte de las tejedoras, cuando el marco para elaborar dichas políticas es la competitividad y la “inteligencia del mercado”, lo cual explica que no coloquen a las poblaciones como foco de los beneficios ni como sujetos políticos, sino como fuentes a explotar, como objetos a su disposición.

Esta acción política emprendida por mujeres indígenas, como otras que la han precedido, puede provocar enconados debates y confrontaciones, pero es necesario abordarla como fenómeno que pone de relieve el carácter patriarcal y colonial del Estado y de la sociedad guatemalteca. Con este alegato se evidencian nuevamente los abusos y la explotación que diariamente se cometen contra las mujeres indígenas, mercantilizadas como objetos de consumo.

Tienen razón las tejedoras, y por ello cuentan con nuestro apoyo, al denunciar cómo el sistema se aprovecha de sus habilidades, sus fuerzas y su trabajo, no solo en el ámbito del turismo, sino en la economía nacional. El reclamo de un beneficio a cambio de sus aportes es incuestionablemente justo. Su argumentación merece ser atendida por el conjunto de la sociedad.

La defensa los tejidos es fundamental, no para su preservación como objetos de venta en el mercado, sino como parte del acervo histórico cultural de una sociedad compleja, fragmentada, que pese a todo, sigue viva. Las mujeres tejedoras reclaman atención del Estado y que se suspendan estas prácticas que las lesionan. Para la convivencia y la paz, es necesario cuidar el tejido donde estamos.