Jueves 21 DE Febrero DE 2019
Opinión

Difícil situación económica

— Editorial
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Los resultados de la III Encuesta de Percepción Empresarial 2017 del CACIF confirman lo que diversos expertos, organizaciones y distintas mediciones han venido repitiendo a lo largo del año: la economía nacional se encuentra en un mal momento. En el Doing Business, indicador que mide la facilidad para hacer negocios en un país, el país muestra un retroceso de 24 posiciones durante los últimos tres años. En el ‘ranking’ del Índice de Competitividad Global durante 2017 retrocedimos seis lugares respecto del año pasado. La calificadora Standard&Poors rebajó la calificación de riesgo crediticio del país de BB a BB-; el Banguat que se vio forzado a revisar hacia abajo sus proyecciones de crecimiento originales para 2017; la SAT sigue sin alcanzar las proyecciones de recaudación planificadas a principio de año. Ciertamente, importantes retrocesos, que palidecen ante el retroceso que experimentado por el fútbol nacional en los ‘rankings’ mundiales: a raíz de la suspensión de la FIFA, hace poco más de una año, Guatemala ha retrocedido 50 puestos. El tipo de caída libre que hay que evitar a toda costa, pero que podría ocurrir de no tomarse en serio lo que está pasando en materia económica.

Al igual como sucede hoy en la esfera económica, un problema que pudo haberse corregido oportunamente de forma fácil y rápida se convirtió, en el caso del fútbol, en un profundo “orificio sin salida” debido a la incapacidad de las máximas autoridades deportivas de reconocer la urgencia de cambios profundos en la estructura existente; sumada a la priorización de intereses personales o de grupo sobre los intereses del país; al manoseo político de asuntos técnicos; al uso de retorcidos caminos judiciales para empantanar cualquier intento de solución; y al desmedido afán de beneficiarse del presupuesto público por parte de los mismos de siempre. Salvando las distancias, los problemas que impiden resolver los problemas del fútbol nacional, en mayor o menor medida, son los mismos que explican hoy la incapacidad gubernamental y de los actores políticos de hacer frente a los problemas económicos que vive el país. Todavía estamos a tiempo de tomar decisiones en materia económica que ayuden a enderezar el rumbo; en la medida que estas decisiones se pospongan solamente se hacen más grandes y peligrosos los problemas existentes. De no hacerse nada al respecto, cada día que pasa estamos más cerca de caer dentro de un “orificio económico sin salida”.

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