Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Generales de Trump dirigen la política exterior

Si los poderes estatales de nuestros países no asumen sus responsabilidades, los generales estadounidenses evalúan medidas más contundentes para producir los cambios en los Estados del Triángulo.

— Fernando González Davison
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Los generales que asumieron a inicios de año las carteras de la Defensa, del Interior y el de consejero de Seguridad Nacional (en ese orden, James Mattis, John Kelly y H.R. McMaster), se les considera pragmáticos, serios, necesarios para supervisar a Trump y corregirle la plana a sus travesuras antes que puedan convertirse en tragedias. Ellos tienen mucha más ascendencia en la Casa Blanca que los altos funcionarios civiles. El secretario del Exterior Rex Tillerson está en segundo plano, pero se une con ellos para controlar al temperamental e impredecible presidente, que ha encendido varias alarmas. De ahí el cambio de Kelly a jefe de la Casa Blanca, con una cercanía muy grande a Trump. Las alarmas dan cuenta que podría ser posible un golpe militar pues casi han tomado el control de su país, según nos cuenta James Mann en su artículo The Adults in the Room. Los generales indicados todos tiene en común haber participado en las guerras de Irak y Medio Oriente, a diferencia de otros generales que en el pasado tuvieron un papel previo en Washington para estar en sintonía con la política local. Los actuales tienen un conocimiento general sobre las amenazas a Estados Unidos y algunas las conocen bastante.

No solo han estado en esas regiones de Asia sino también en Centroamérica. Kelly en especial visitó Guatemala y México este año, no solo por el tema de las migraciones sino porque los países del Triángulo Norte son un dolor de cabeza por el casi colapso de sus instituciones, como salta a la vista en Honduras, Guatemala y El Salvador. Si sus instituciones no muestran una clara lucha contra la corrupción y la legalidad, no vendrá la cooperación ofrecida dentro del Plan para la Prosperidad regional y sus repercusiones negativas, en especial a la población pobre. ¿Honduras podría ser intervenida?

Si los poderes estatales de nuestros países no asumen sus responsabilidades, los generales estadounidenses evalúan medidas más contundentes para producir los cambios en los Estados del Triángulo: deben hacer transformaciones de fondo antes que exploten, como sucede en Honduras, y el problema se agrave. Sonó la alarma cuando los miles de niños nuestros migraron solos a Estados Unidos. Ahora la intervención “de otro tipo” podría ser realidad y con apoyo de la población contra la clase política corrupta que le ha robado la soberanía.

Todd Robinson está ahora en Venezuela y va a acrecentar las presiones contra el sistema como lo hizo acá, pues dicho país se parece mucho al nuestro en materia de corrupción general, no en lo relativo a ideología, que en Venezuela con ella la trata de ocultar. Para guardar la imagen ya cien funcionarios de la empresa petrolera PDVSA fueron capturados. Entretanto, los generales estadounidenses van a acentuar la presión sobre Centroamérica. Ellos toman las decisiones en conjunto, y tienen un gigantesco presupuesto para cumplir sus objetivos, donde los operativos de la diplomacia se ponen en acción en esa sintonía. De ahí que Tillerson sea una fuerza de segundo orden, con una reducción fuerte en su presupuesto, pues para ellos la diplomacia debe seguir sus directrices y punto.

Son los únicos que tienen libertad de contradecir las declaraciones de Trump abiertamente, sobre los transgéneros, el racismo o Corea del Norte y otros. Falta que se pronuncien sobre el anuncio de Trump de trasladar la embajada a Jerusalén, un lío doméstico para quedar bien con los evangélicos, pero que va a sembrar sangre. Estoy seguro que Mattis y compañeros, después de ver las reacciones, podrían frenar esa decisión inconsulta.

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