Lunes 11 DE Diciembre DE 2017
Opinión

Otro paso en falso

Intento fallido de elegir la Junta Directiva.

— Edgar Gutiérrez
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Al presidente Jimmy Morales le cayó el veinte de que está perdido en el inescrutable laberinto de la soledad política. Tiene ministros en el gabinete, pero no cuenta con equipo. La bancada de su partido FCN se nutrió de tránsfugas triplicando el peso de sus votos, pero le sirve para muy poco, como se vio con la más reciente operación fallida de aprobación del Presupuesto General 2018.  El Ejército sigue sus instrucciones –ayer confeccionaban escritorios y mañana rellenarán los incontables hoyos de las carreteras–, pero ya no es tan relevante. Los grandes empresarios atienden sus invitaciones a cenar o almorzar, pero rara vez ambos sacan algo en limpio.

Angustiado por la suerte de su hermano en los tribunales (cuyo juicio logró correr hasta abril/mayo del próximo año, justo cuando tendremos nuevo fiscal general), el mandatario se ahoga en su propio grito de impotencia y sigue trastabillando, como esta semana al tratar de imponer una impresentable junta directiva del Congreso, no obstante el impacto directo que tendría para la descertificación de Guatemala por parte de Washington.

Morales sigue buscando culpables. Los primeros en la lista, desde hace un año, son la fiscal general Thelma Aldana y el comisionado Iván Velásquez, que no perdonaron los “pequeños” delitos de su familia. Un día lanza críticas veladas a jueces y magistrados, por la severidad de sus fallos, y al siguiente reclama airadamente al Congreso que no lo deja trabajar. Se queja que la nueva Ley de Contrataciones es una inmovilizadora camisa de fuerza. Que la Contraloría se ha ensañado con sus auditorías y la CC le aplica sentencias inéditas, descabezando a sus gobernadores, por ejemplo.

Después de 23 meses de gestión Jimmy Morales y su gobierno siguen empantanados. Y sabemos que las aguas estancadas se pudren rápido. Hay una que otra iniciativa ministerial que sin embargo no modifica el cuadro general crítico. La aprobación popular del presidente es bajísima (19 por ciento), pero sería peor si hubiese una oposición política sistemática y amplificada. Y si los canales de TV abierta no lo apoyaran tan decididamente a diario.

Un Presidente tan débil es tentadora materia dúctil para los poderes fácticos, pero ha resultado escurridizo hasta cierto punto. Mientras, los poderes democráticos, acostumbrados al presidencialismo lo quisieran direccionando, sacando concesiones y dando prebendas, al menos un año más, pues al acercarse  el periodo electoral todos se desmarcarán.

El clima en el que no puede (o no sabe) ejercer gobierno Jimmy Morales está erizado por la persecución penal sin precedentes contra estructuras criminales y de corrupción que han mantenido por 32 meses la CICIG y el MP con efecto de huracán. Morales pudo haber capitalizado los saldos de esas batallas, pero está demasiado resentido. Se siente víctima de una conspiración y ese es el punto de contacto con los poderes democráticos y fácticos con cola de dinosaurio. El mismo conspira pero al final teme dar el salto al vacío. Para Jimmy Morales todo es personal, como en el Estado decimonónico, cuando el Presidente concentraba todos los poderes y su temperamento alteraba las variables clave de la política y los negocios. En el Estado moderno no funcionan así las cosas. Sin entender la geopolítica ni la naturaleza de la crisis de Estado, desconfiado y rabioso, Morales se quedó precozmente sólo en su laberinto y sin un libreto coherente para actuar.