Domingo 10 DE Diciembre DE 2017
Opinión

Siempre se puede hacer peor

Lamentable que el país siga sometido a negociaciones espurias en los temas de mayor transcendencia nacional como el Presupuesto.

— Manfredo Marroquín
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La no aprobación de un Presupuesto para el año fiscal siguiente casi siempre representa un fracaso para el gobierno de turno proponente, al no lograr cumplir con financiar los programas y políticas de su gestión. Sin embargo, en el caso del gobierno actual no parece afectar en mucho las expectativas que se tienen sobre su desempeño, dada la creciente percepción de incompetencia e incapacidad política para manejar los asuntos públicos y de Estado.

En teoría la aprobación del Presupuesto representa el cierre de un ciclo anual de planificación y priorización. Eso quiere decir que al no haber sido aprobado el proyecto presentando por el Ejecutivo para el ejercicio fiscal 2017, el gobierno debe volver a su plan del año anterior, solo esperando a coyunturas favorables para presentar y aprobar enmiendas y transferencias.

Si somos realistas, el impacto de no haber aprobado un nuevo Presupuesto 2017, es mínimo toda vez el proyecto abortado seguía bajo la misma lógica de gasto que se ha mantenido durante años anteriores, casi todo destinado a gasto de funcionamiento y pago de obligaciones y un escaso 15 por ciento si mucho, a inversión nueva. Salvo algunas nuevas inversiones en seguridad como construcción de cárceles y apertura de nuevas fiscalías en el interior y la recuperación vial se verán afectados seriamente.

Es más, hay quienes piensan que su no aprobación era el mejor escenario al considerar que la suma establecida era mucho mayor a los ingresos previstos, además de haber querido eliminar normas de transparencia y otorgar mayores recursos a ministerios y oficinas de gobierno que no han demostrado eficiencia ni calidad de gasto.

Ocupar la presidencia de la Comisión de Finanzas y Moneda en el Congreso por primera vez para la bancada oficial del FCN, puede ser visto ahora como un desperdicio y un contrasentido, pues una de las principales razones para ocupar la presidencia de dicha comisión es precisamente, maniobrar para conseguir un Presupuesto afín a los planes de gobierno.

La intervención del mismo presidente Morales en la negociación para la aprobación del proyecto presupuestario unos días antes de la fecha fatal, solo refuerza la idea ya instalada de su impericia para manejar y administrar los asuntos de Estado, pues lejos de consolidar el acuerdo que ya tenía la bancada oficial con sus aliadas, este más bien se rompió.

Cuando las alianzas como la que mantiene el partido oficial con sus aliadas (Todos, MR, PAN, UCN, AC-Lider, Unionista,) son en base a asuntos que solo son de interés para los involucrados, la sopa suele caerse del plato a la boca, cuando el interés particular de alguno de los negociadores no es satisfecho como parece haber ocurrido en esta ocasión.

Lamentable que el país siga sometido a negociaciones espurias en los temas de mayor transcendencia nacional como el Presupuesto. Está visto que los temas que sí son para favorecerles como el pacto de impunidad que intentaron decretar en septiembre último, logran cohesionar y formar mayorías aplanadoras en el Congreso.

Pero cuando se trata de temas de interés nacional, los temas quedan huérfanos y sin operadores políticos para sacarlos adelante. Lo que sí demuestra el equipo oficial, es que la inexperiencia combinada con una agenda de negocio y búsqueda incesante de impunidad, es la fórmula perfecta para seguir ensayando cómo hacer peor las cosas, pues al final el miedo al fracaso está ausente en el equipo gobernante que nunca soñó con llegar a gobernar y prefieren persistir en la prueba y el error, total es algo que la ciudadanía consiente cada cuatro años.