Miércoles 22 DE Mayo DE 2019
Opinión

El ángel exterminador

La abulia es un encierro más efectivo que la prisión.

Fecha de publicación: 01-12-17
— Carol Zardetto

Tuve la suerte de asistir a la transmisión en vivo de la recién estrenada ópera, El ángel exterminador, basada en la película de Buñuel. La trama relata lo que acontece cuando un grupo de ricos, aristócratas y reconocidos artistas se reúnen para cenar después del teatro. Pero aquella cena no empieza bien: los criados toman la insólita decisión de abandonar a sus patrones justo antes de empezar el agasajo, lo cual contradice “el deber ser” al que están acostumbradas aquellas refinadas personas.

A pesar del inconveniente, los invitados intentan disfrutar la reunión con las usuales ironías, viajes de ego y solapada incomunicación que son lugar común de un “encuentro” donde privan las apariencias. Cada uno de ellos, personas bien educadas, actúa conforme lo que se les ha enseñado.  Hasta que algo muy extraño empieza a ir mal: llega la madrugada y los invitados no se marchan, quebrando las normas implícitas que marcan las buenas costumbres. Horrorizados, algunos intentan irse, pero no pueden hacerlo aunque la puerta está abierta y nada se los impida.

Abulia, es la palabra que sirve a uno de los presentes para nombrar lo que les pasa. La abulia es la carencia de voluntad, la incapacidad de actuar para liberarse de una situación que los mantiene encerrados.

El encierro se torna cada vez más grave, como sucede con todo encierro. No es sostenible. Las condiciones extremas (falta de agua y comida) van destrozando la refinada educación de los invitados, desnudando sus instintos básicos, su barbarie fundamental. El sistema se sostenía sobre la fuerza poderosa de “la cultura”, pero escondía adentro un vicio: la abulia, porque todo sistema de privilegios convierte a los privilegiados en inútiles. Entonces aflora lo que estaba oculto: la vulnerabilidad y las pulsiones. Finalmente aquellas personas parecen reales.

No cabe la menor duda que la defensa de la cultura, de los hábitos, las normas implícitas o explícitas que involucra, tienen como finalidad la permanencia de un sistema. Y el sistema no es más que una estructura de poder justificada por un andamiaje ideológico. Los sistemas nunca son eternos porque la cultura es dinámica y, por más conservadora que sea una sociedad, el cambio se impone, arrollando a su paso privilegios y maneras de concebir el mundo.

El aprendizaje que podemos sacar de lo acontecido a aquellos honorables y ricos aristócratas es que la abulia es un vicio. Nace de la comodidad en que nos coloca el sistema de poder y se afinca en la cultura. Destruye la creatividad, la autonomía, la voluntad. Y en la medida en que la resistencia al cambio es más poderosa, mayor la abulia, el encierro y, con él, un miedo aterrador.