Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El imprescindible aporte empresarial

El libre mercado resulta socialmente importante para resolver el problema de la escasez por su capacidad de garantizar resultados eficientes en la producción de bienes y servicios.

— Lizardo A. Sosa L.
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La actividad empresarial, en un mercado libre y competitivo, aporta eficiencia (mayor y mejor producción a menor costo) a la producción de bienes y servicios útiles para la satisfacción de las necesidades de las personas y empresas; por ello es determinante comprender que el desarrollo del mercado libre y competitivo no se deriva de la espontaneidad de sus fuerzas, sino que requiere de un marco institucional y jurídico que lo oriente, promueva y proteja, propiciando los máximos niveles de libertad y competencia para todos los participantes, teniendo en cuenta que su desenvolvimiento requiere de paz social sobre bases de respeto a la dignidad de todas las personas y del alcance de acuerdos políticos y sociales acerca del bien común y del concepto aplicable al desarrollo económico y social, incluyendo la función compensadora de la política social como parte ineludible de la política fiscal.

En la Economía Social de Mercado, que subyace en nuestro texto constitucional, las empresas cumplen su responsabilidad social aportando eficiencia al proceso productivo, impregnando armonía en las relaciones humanas en el seno de su organización a base de condiciones laborales respetuosas y dignas; cumpliendo sus obligaciones tributarias; y, ocupándose permanentemente de aportar valor a sus proveedores, clientes y a la sociedad en general.

A la luz de la Doctrina (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia-CDSI, CEG-2008) la empresa (338) realiza su “capacidad de servir al bien común mediante la producción de bienes y servicios útiles con una lógica de eficiencia y de satisfacción de los intereses de los diversos sujetos implicados”; y crea “riqueza para toda la sociedad, no solo para los propietarios”, a la vez que crea “oportunidades de encuentro, colaboración y valoración de las capacidades de las personas implicadas en ella; considerándose por ello no “sólo como sociedad de capitales, sino como “sociedad de personas”, en la que entran a formar parte de manera diversa quienes aportan el capital, y quienes colaboran con su trabajo”. En consecuencia, “la dimensión económica de su acción –participando en el mercado libre y competitivo– es condición para el alcance de otros objetivos económicos, sociales y morales, que deben perseguirse conjuntamente en procura del bien común” cumpliendo cabalmente “obligaciones de justicia social, de respeto de los derechos de los trabajadores” (340) y “del pago de los impuestos, de manera que las finanzas públicas se concreten como instrumento de desarrollo y de solidaridad” (355).

Ante el problema económico de la escasez de recursos para satisfacer necesidades ilimitadas, la Doctrina afirma que la solución depende de la eficiencia del sistema económico (346) y señala que los sujetos económicos, las empresas y la sociedad, deben emplearlos del modo más racional y eficiente posible, resaltando que el libre mercado resulta socialmente importante para resolver el problema de la escasez por su capacidad de garantizar resultados eficientes en la producción de bienes y servicios, mediante el mejor uso de los recursos y la agilización del intercambio; ya que “un mercado verdaderamente competitivo es un instrumento eficaz para conseguir importantes objetivos de justicia: moderar excesos de ganancia de las empresas; responder a las exigencias de los consumidores; utilizar mejor el ahorro y los recursos; hacer circular la información para comparar y adquirir productos en el contexto de sana competencia; y premiar los esfuerzos empresariales y la habilidad de innovación” (347).

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