Viernes 19 DE Julio DE 2019
Opinión

La indiferencia

El punto de partida del cambio, radica en matar la indiferencia.

Fecha de publicación: 28-11-17
Por: estuardo porras zadik

No se requiere de ningún tipo de extracción, preparación académica, ideología, filiación política o agremiada para hacer uso del sentido común, de ejercer el indispensable derecho a la libre expresión y lo que es más importante: emitir juicio de una realidad de la que muchos hemos preferido ser indiferentes. La condición por la que atraviesa Guatemala requiere de un enfoque proactivo, frontal y vocal. Esta situación es más seria y mucho más complicada que la tóxica retórica populista a la que ambos extremos ideológicos nos han sometido históricamente. Lo que ha causado una fragmentación social irremediable, que hoy nos pasa la factura y no nos permite avanzar.

Es importante enfatizar que nuestros problemas son de raíz, no son atribuibles a un solo sector y cuentan con la participación de actores de todo el espectro ideológico. Nos hemos dejado llevar por percepciones y argumentos heredados por las generaciones que nos antecedieron, con los que hemos creado ideologías, patrones y formas de actuar. Ahora, estos requieren de un profundo análisis y un enfoque diferente, que nos permita desmitificar la realidad detrás de tanto ruido ideológico y sectorial. Las percepciones se han convertido en nuestra realidad, y hemos permitido que nos lleven a actuar muchas veces careciendo de todo tipo de racionalidad y sentido común. Llegó el momento de hacer una pausa y abordar la problemática con otra óptica, una que no permita que seamos atrapados por ideologías del siglo XX, cuando está claro que el mundo –y por ende Guatemala–, atraviesa hoy por un desafío del siglo XXI.

Este tipo de disonancia intelectual no permite que surjan nuevos trenes de pensamiento, nuevas ideas que cambien el rumbo, ya que el modelo actual ha fracasado. Tampoco permite el surgimiento de nuevos liderazgos. Dadas las circunstancias, los liderazgos solo surgirán de la crítica y de la autocrítica, de atreverse a encontrar su lugar en la historia, y responsabilizarse de las consecuencias de su actuar o del proceder del sector al que pertenece, de permitirse no ser indiferente y encontrar en sí mismo el poder y la voluntad del cambio.

Se requiere urgentemente que surjan nuevas voces, libres de ataduras. No libres de un pasado, ya que sin un profundo entendimiento del mismo será imposible crear nuevas realidades. Nuevas voces, aunque salgan de las mismas bocas, pero con nuevas ideas que permitan el surgimiento de nuevos líderes. Este proceso requiere que nos atrevamos a hablar, exponer, juzgar y descalificar a quienes han atentado en contra de nuestra sociedad y a los que aún lo hacen; a aquellos que permitieron que se cooptara nuestro Estado y que se enterrara la institucionalidad. Llegó el momento de no ser indiferentes, independientemente de nuestra extracción, tendencia ideológica o filiación política.

Hoy solo hay espacio para un discurso, en el que tajantemente se afirme que las cosas están mal. Hasta la fecha, cada sector simplemente ha velado por sus propios intereses, aunque con ello haya tenido que defender lo indefendible y en contra de toda lógica. Y en este proceso, nuestra indiferencia ha permitido que se haga con Guatemala lo que hoy tenemos por país, en beneficio de una minoría que nos ha manipulado y dividido a perpetuidad. Dejemos por un lado la indiferencia y renunciemos al pasado y a sus actores; demos paso a una nueva generación capaz de construir un futuro diferente: ¡una generación que no sea indiferente!