Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El síndrome de la asistente indolente

Encontró la ruta para ser atendida apropiadamente.

— Silvia Tejeda
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Entre mantenerme denunciando las pervertidas acciones de los políticos de turno y darme un espacio para cambiar los temas publicados, estas semanas me doy un compás, que aliviane mi perenne frustración de guatemalteca y decido, compartir con mis lectores anécdotas que suceden en la vida cotidiana de otros y que, creo que es útil intercambiarlas, cuando se trata de experiencias vividas, que le suceden a otras personas, pero que cobran mucha importancia para que, en todos los medios, donde se practican las relaciones humanas, y se presta un servicio a otras personas necesitadas, esas relaciones mejoren mucho más de las que frecuentemente se practican en el diálogo entre quien necesita atención y quien se la otorga, en muchos casos un intermediario indolente que cumple con su trabajo, pero de situaciones especiales, no quiere saber nada.

Este no es un cuento, sucedió con toda su realidad, pero que gracias a la intuición de la afectada fue una experiencia que tuvo un final feliz, después de que a mi amiga Irma Judith se le ocurrió buscar por sí misma, el apoyo, en la emergencia de un hospital, porque inicialmente no lo encontró después de suplicarle a una asistente o secretaria de una clínica, que le urgía hablar con su médico, porque había sufrido un golpe en un pequeño accidente, y necesitaba el apoyo del médico y su opinión sobre el diagnóstico del caso. Este fue el diálogo:

–Señorita. Necesito una cita con el doctor tal.

–Se la puedo dar para la próxima semana. Yo ya confirmé las citas de hoy y no puedo dársela. Se la puedo dar para la semana entrante.

–No señorita. Es una emergencia. Tuve un golpe en la frente y no puedo esperar.

–Yo la puedo poner en lista de espera.

–No señorita. Necesito hacerme unos exámenes para estar tranquila. Cómo hago yo para poder comunicarme con el doctor y adelantar el caso haciéndome unos exámenes.

–¡Hay! No sé cómo.

–Si quiere cóbreme como que mi llamada fuera una consulta, pero dígame cómo hago para hablar con el doctor para hacerme unos exámenes.

–Yo no le puedo dar el teléfono del doctor. Si quiere puede llamar después de las dos a ver si le recibe la llamada porque no las recibe cuando está en consulta. ¡Es lo más que yo puedo hacer por usted!

Y colgó, sin preguntar ni el nombre ni el teléfono de Irma Judith. Entonces, mi amiga angustiada, pero determinada a buscar auxilio médico, se dirigió a la emergencia del hospital cercano a las clínicas, hizo una espera de treinta minutos cuando la atendió el médico internista de turno. Ella le explicó su situación. Él sí se comunicó con el médico solicitado por mi amiga, y cuando ella iba camino a los exámenes ya el especialista la estaba esperando, la atendió y la diagnosticó con la prontitud que la situación requería.

¿Le ha tocado a usted ser tratado por una persona indolente, insensible e indiferente cuando experimenta una situación delicada o de emergencia, de cualquier índole? De esos seres que les gusta cumplir con su trabajo “al llegue” pero que de cosas que no son de su rutina no quieren saber nada. A muchos nos ha tocado. Lástima que los profesionales que las contratan, no las inscriban en un buen curso de Relaciones Humanas, como requisito indispensable, para que no desdigan de sus jefes. Menos mal que mi amiga, ni la rinden ni se rinde fácilmente cuando de dirimir las situaciones de su propia vida se tratan. Encontró la ruta para ser atendida apropiadamente.

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