Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El futuro ya está presente, aunque pretendamos ignorarlo

No hay beneficios individuales sino costos colectivos.

— Richard Aitkenhead Castillo
Más noticias que te pueden interesar

El futuro está presente y no le prestamos mucha atención. Los guatemaltecos que llegarán a ser mayores de edad entre el 2020 y el 2030, ya están con nosotros. Son la mitad de los guatemaltecos vivos. Los que ya son mayores de edad y que no llegan a los sesenta años, son otros cuatro de cada diez. Queda uno de cada diez, que hoy son mayores de sesenta años. Los viejos relativos.

Se repite que Guatemala es un país de gente joven pero se actúa como si fuera un país de viejos y para los viejos. Se defiende la libertad pero se protegen derechos adquiridos y privilegios, se habla de futuro pero se insiste en mantener sin reformar la Constitución Política de hace más de treinta años, se sabe que más de la mitad de la población no está en edad de trabajar pero se resisten los impuestos y los programas sociales, con razón, molesta la poca eficiencia en el uso de los recursos públicos. Poco, muy poco, se hace a favor de los niños y niñas que son menores de edad. El combate a la desnutrición tiene objetivos de largo plazo, cuando la urgencia es evitar efectos de corto plazo. De nada sirve a los niños y niñas de hoy, erradicar el problema en treinta años. Es el presente el que marcará sus vidas. Son acciones concretas, esfuerzos nacionales solidarios, más recursos en una iniciativa nacional, los que pueden hacer la diferencia. Seguimos, sin embargo, indiferentes.

Las noticias, el enfoque político, los esfuerzos sectoriales y la dinámica social están concentrados en las batallas del presente. Importantes, sin duda, pero insuficientes. Los problemas presentes son producto de los errores del ayer. En la política está claro que la falta de controles y la complacencia fueron causa que la corrupción se adueñara de las instituciones. En la infraestructura, la falta de acción de los últimos diez años y un modelo fracasado están afectando diariamente la vida de los guatemaltecos. Para unos es la falta de carreteras, para otros es la congestión. En materia de seguridad, el peligro en las calles, las extorsiones de las maras y el fortalecimiento del crimen organizado son reflejo del poco éxito de la gestión policial y judicial. En síntesis, el presente se construyó en el pasado.

No se quita importancia a la lucha contra la impunidad y la corrupción. Tampoco se quita mérito a la indispensable reforma del sistema electoral y de partidos políticos, ni a la necesidad de reformas en el sistema de justicia o la impostergable modernización del servicio civil, por señalar batallas políticas del momento. Son básicas e impostergables, pero en ellas hay ganadores y perdedores.

En la construcción de la Guatemala del futuro hay una gran diferencia. No hay beneficios individuales sino costos colectivos. La falta de acción ante los problemas de la niñez actual tendrá efectos negativos para todos. Los números no mienten, los niños y niñas necesitan hoy, no mañana, del esfuerzo nacional para ganar la batalla contra la desnutrición. Necesitan de un plan, con recursos suficientes y liderazgo de la sociedad organizada, para tener una esperanza de cambio. Es hora que la mayoría de los adultos, no los viejos, tomen el control. Esta no es la única batalla, sin embargo, este es un problema irreversible y el reloj sigue avanzando, a pesar que pretendamos ignorarlo.

Etiquetas: