Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

Pin Pon (II)

Promover un presupuesto sin controles a la sombra de un pacto de corruptos es un riesgo que desangra a un país en un laberinto que lo conduce a su propia implosión.

Fecha de publicación: 15-11-17
Por: Miguel Gutiérrez, FEDES

Entre economistas se ha dicho y analizado sobre el proceso de desaceleración y enfriamiento económico. Se hacen especulaciones fuera de ese gremio. Sin embargo, entre los economistas el consenso ronda en torno a la sentencia: la desaceleración económica radica en la ausencia de política fiscal y monetaria, lo cual ha conducido a una apreciación del tipo de cambio real, caída del crédito con respecto a la economía y caída de la cantidad de dinero en relación al PIB (M1/PIB)

El Ministerio de Finanzas en lugar de hacer política fiscal en el área macroeconómica y sectorial, se ha preocupado más en negociar su permanencia, a través un pacto de corruptos que lo adhiere a uno de los presupuestos más oscuros de la historia, lo que muchos han catalogado el mayor megaasalto al erario público, propuesto al Congreso de la República.

Esta propuesta hace lucir al recordado Manuel Maza Castellanos del FRG, como un niño de primera comunión recitando villancicos navideños. La ausencia de modales ante una propuesta que procura colocar ocho mil millones de quetzales en un Micivi que este año no logró ejecutar dos mil millones, ahora usando organismos internacionales para la misma ejecución, lavando las manos de toda responsabilidad de la discrecionalidad que generan estas instituciones internacionales ejecutando fondos nacionales (sin tomar en cuenta la comisión –‘overhead’– que generan estas prácticas). No existe ningún arreglo institucional que facilite la transparencia y la entrega de fondos a organismos internacionales tiene un solo propósito: cortarle las manos la Contraloría General de Cuentas.

El Ministerio de Comunicaciones se encuentra en su zenit de opacidad y de discapacidad de ejecución y es allí donde el Minfin propone los preciados recursos que tanto cuestan recaudar y; como si fuera poco; propone limitar el papel de la Contraloría General de Cuentas en el pago de deuda de arrastre de forma explícita.

En lugar de hacer política fiscal más o menos coherente, que mantenga las condiciones económicas del país, el Minfin, se dedica a aprobar y validar iniciativas como el célebre e ilegal “bono tropa loca“ que colocó en situación de vulnerabilidad al ejecutivo, entre otros.

Promover un presupuesto sin controles a la sombra de un pacto de corruptos es un riesgo que desangra a un país en un laberinto que lo conduce a su propia implosión. La recaudación no se encuentra en su mejor momento, la brecha de recaudación y economía a la baja, dejan ver un presupuesto desfinanciado ficticiamente y un Minfin todopoderoso que en el desorden que genera al colocar techos presupuestarios altos e irreales, la discrecionalidad de decidir quién y qué ejecuta en cada ministerio, es decir, desde el Minfin, funcionarios de mediano nivel determinan qué, cómo y cuándo se financia la salud, la educación, la infraestructura del país, en lugar de que lo decidan los propios ministerios a través de sus presupuestos.

En síntesis, el presupuesto fantasioso abre puerta de par en par a la corrupción, reafirmando la moraleja de que no hay que confiar en “el muñeco de trapo y de cartón, que se lava la carita con agua y con jabón”.