Jueves 23 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Impulsores SI, frenos NO

Los impulsores están siempre más dispuestos a arriesgar el presente, en busca de un mejor futuro.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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Al margen de las intenciones, siempre estamos rodeados de impulsores o de frenos. Es la ley de la vida. Las personas que nos rodean en la casa, el trabajo o la universidad, pueden ser nuestros impulsores o nuestros frenos más poderosos. Depende de la actitud con la que interactúen con nosotros. Los peores son los protectores cariñosos, aquellos que te quieren pero que siempre te están recordando los peligros, el riesgo de un potencial fracaso o la importancia de postergar la aventura hasta contar con mayor experiencia. Siempre suenan objetivos y experimentados, pero son un freno para el crecimiento. Sin querer impulsan hacia que acertemos bajo, y que resignemos pretender la cima. Más vale pájaro en mano que cien volando, sería su frase favorita.

Los hay, opuestos. Personas que siempre están impulsando nuestros sueños, que incitan a buscar grandes objetivos, que promueven que tomemos riesgos, que evitemos perder la esperanza y, sobre todo, que al éxito se llega después de aprender de fracasos previos. Lo importante de estos apoyos, son la actitud que promueven, el impulso que generan y su efecto en nuestro andar. Son personas que saben inspirar, impulsar, retar y empujar a terrenos desconocidos y arriesgados pero capaces de superar. Son los que entienden que más vale apuntar alto y no alcanzar, pero seguro mejorar.

No es momento de adentrarse en las teorías y los libros que documentan ambos perfiles. Basta, por ahora, insistir en los resultados de cada uno. Los frenos son ideales para mantener el statu quo, para asustar a todo aquel que busca impulsar cambios, a quienes se preguntan por qué debemos de respetar las reglas del ayer, la repartición del poder y del botín que hicieron tiempo atrás. Son los que quieren que se respeten sus derechos adquiridos, más no tanto que se busque mejorar el sistema en conjunto. Tienden a estar ubicados en las cimas de los poderes políticos, económicos e institucionales. Para ellos, el cambio es un riesgo a controlar.

Los impulsores están siempre más dispuestos a arriesgar el presente, en busca de un mejor futuro. En sociedades con gran movilidad social, los representan las clases medias. Son personas con ideales y con voluntad de cambio. Personas que no preguntan cuál es el camino seguro sino el de mayor potencial. Se preocupan de cambiar el mundo, no en preservarlo en su situación actual. Son optimistas, confiados y saben inspirar a otros. Se enfocan en el porqué de lo que hacen, más que en el cómo lo hacen. Son los que impulsan procesos disruptivos, no tendenciales.

Guatemala tiene toda una gran colección de frenos, y muy pocos impulsores. Saben que estamos mal, pero les preocupa estar peor. Quieren que la cosa mejore, pero sin cambios. Son los mismos de siempre. Me cuesta más el diálogo con ellos, drenan mi energía y buscan cercenar mis sueños. Sin duda, prefiero a los impulsores, incluso si son ilusos que no saben los poderes a los que se enfrentan. Son personas con sueños, ideales y gran confianza. Son agentes de cambio. Son semilla, a multiplicar. Y quizás, a imitar.