Sábado 18 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Buscando paz en la impunidad (I)

En Guatemala por años se ha buscado excusar los horrendos crímenes cometidos por el Estado y sus fuerzas de seguridad bajo la lógica de que los crímenes ocurrieron en tiempos de guerra.

 

— María Aguilar
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La semana pasada, el diputado Fernando Linares Beltranena con el apoyo de Jaime Regalado, Boris España, Javier Hernández, Claude Harmelin, Armando Melgar Padilla, Estuardo Galdámez, Javier Hernández Ovalle, Manuel Conde, Delia Bac, José Ubico, Julio Lainfiesta y José Conrado entregaron una iniciativa que busca reformar la Ley de Reconciliación Nacional, para otorgar amnistía por crímenes cometidos durante el conflicto armado (1960-1996), anular los procesos actuales contra militares y liberar a quienes cumplen condena.

En sus declaraciones Linares afirmó que la iniciativa “lograría una paz definitiva” y “una verdadera reconciliación nacional porque desde 1996, no ha existido paz porque ha existido una guerra en tribunales y el Ministerio Público, desproporcionada en que hay 72 oficiales detenidos y un exguerrillero preso” (Prensa Libre 8/11/17).

En Guatemala por años se ha buscado excusar los horrendos crímenes cometidos por el Estado y sus fuerzas de seguridad bajo la lógica de que los crímenes ocurrieron en tiempos de guerra. Este argumento es usado por políticos, exmilitares, CACIF, columnistas y directores de prensa. Esta posición es racista y refleja una profunda ignorancia de lo que el conflicto significó para Guatemala y sus habitantes, especialmente comunidades indígenas.

Si bien, el 13 de noviembre de 1960 se marca como el inicio de “la guerra”, existe una diferencia profunda entre la primera etapa del conflicto, 1960-1970, cuando los guerrilleros se establecieron en el oriente del país, y la segunda etapa, posterior al terremoto de 1976, cuando la guerrilla se movilizó al occidente, a territorios indígenas.

En esta segunda etapa la guerra dejó de ser un conflicto entre Ejército y guerrilla con capacidades de lucha aparentemente en condiciones de igualdad, para convertirse en una campaña de Estado y de elites, que utilizó la excusa del comunismo y la guerrilla para asesinar despiadadamente, controlar, violar, abusar sexualmente y robar la tierra de poblaciones mayas desarmadas. En parte fue la continuación de campañas de despojo y muerte que iniciaron con la conquista y continuaron con la Reforma Liberal que arranca en 1871, pero se convirtió en un proceso violento incomparable. Por lo tanto, lo que algunos llaman guerra durante los setenta y ochenta, en el área rural, necesita ser analizado bajo una lógica más amplia y compleja.