Jueves 13 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Ardid y absurdo: la consulta sobre Belice

Nuestro pueblo es listo y le gustaría ahorrar trescientos millones de quetzales de la consulta, y aplaudirá también si la Cancillería no gasta millones en propaganda.

— Fernando González Davison
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Lo que más me sorprende es que varios excancilleres preguntados por la Consulta Popular sobre Belice, dan por hecho que Guatemala irá a la Corte Internacional de La Haya para resolver su diferendo territorial.

Es un equívoco, pues aunque acá gane el sí en la consulta, si Belice dice que no en la suya, entonces no se irá a la Corte Internacional.

Allí el ardid o engaño.

Además, la consulta podría violar el Artículo 19 transitorio de nuestra Constitución, que expresa que la consulta popular se realizará para que el pueblo acepte o no lo negociado “en un acuerdo definitivo” sobre el particular. Y no se ha negociado nada aún. Tampoco dicho artículo hace referencia a una consulta popular “previa”. Belice no tendría que hacer la suya y eso se aceptó. Su Constitución expresa que su territorio es el que ya tiene, por lo que no va a negociarlo. El convenio suscrito entre Belice y Guatemala de 2008 de hacer consultas populares para llevar o no el diferendo a la Corte Internacional, considero que riñe con el Artículo 19, porque se le va preguntar al pueblo sobre algo intangible y no “definitivo”.

Por ello, la consulta popular en Belice será a favor del no, y Guatemala aunque diga sí, perderá sus derechos sobre una parte de Belice sin siquiera ir a la Corte Internacional. Belice dirá que no porque no tiene nada que ganar, ni va a gastar millones de dólares en pagar a sus abogados por defender su postura en una Corte Internacional.

Otra historia sería si se hubiera seguido lo que escribió el canciller Eduardo Stein a fines de 1999 en una carta dirigida al Primer Ministro beliceño, en la cual expresaba que, dado que no se había ido a ningún lado luego de años de discusiones sobre el particular, Guatemala proponía que el asunto se dirimiera en la referida Corte Internacional. Esto se hubiera podido negociar con Belice. Sin embargo, Guatemala en la administración Portillo siguiente, prefirió buscar la conciliación a través de la OEA. Y pagó a un conciliador afín a Belice, quien aceptó que Guatemala no ganara una pulgada de territorio en posesión de Belice. Ese capítulo oscuro se cerró. No obstante, luego la OEA propuso que se ventilara el diferendo en la Corte Internacional o bien en la Corte de Arbitraje Internacional, más rápida y económica.

No obstante, tampoco se siguió ese consejo, sino se profundizó el enredo durante la administración de Colom, cuando el canciller Rodas firmó en 2008 con su par de Belice el convenio para realizar consultas populares, como se ha reseñado arriba. Ese fue un error grave como se expuso, y es un error en el que ha persistido la actual administración de Morales, con apoyo de varios excancilleres que no son expertos en historia nacional ni en Derecho Internacional, nombrados para ese cargo en algún giro político. Mi primer libro editado fue Belice, realidad y posibilidades cuando era estudiante, y propuse separar el diferendo jurídico del comercio y la cultura en donde deberían compartir como buenos vecinos. Eso lo creo aún. Pero no me convence la irracionalidad de nuestra Cancillería, cuya propaganda dice que “Belice es nuestro”, como esgrimió Ydígoras en 1961 para tener apoyo popular. También es irracional que nuestro Tribunal Electoral justifique que la consulta se haga en marzo entrante para evitar complicaciones en las elecciones de 2019 si se incluye en ellas.

Nuestro pueblo es listo y le gustaría ahorrar trescientos millones de quetzales de la consulta, y aplaudirá también si la Cancillería no gasta millones en propaganda. Este gobierno incapaz debería ya atender las urgencias nacionales y optimizar el presupuesto. Qué manera de perder derechos territoriales sobre Belice. Un siglo y medio de discusiones va a terminar en contra del interés nacional.

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