Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Help Catalonia

Para empezar a cambiar, los diputados deben renunciar a su curul asumiendo los suplentes, que bien asesorados son una alternativa viable y mejor.

 

— Amílcar Álvarez
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La frase es de un cartel en Barcelona, reflejo de la calentura de proclamar la independencia del reino de España, que después de tanta bulla terminó en un cachondeo como dicen en la península ibérica. Aquí necesitamos ayuda pero para salir de políticos como el llamado jengibre, que propone eliminar la obligación de presentar el finiquito a los candidatos que opten a cargos de elección popular, en la reforma de la Ley Electoral y de Partidos Políticos poniendo en evidencia la intención de seguir cooptando el Estado, quitándose la máscara de una vez por todas. Su propuesta es propia de alguien con problemas circulatorios al que le falta o le sobra un tornillo en la cabeza, sin dejar de lado una dosis de perversidad visible, oponiéndose en forma sistemática a los vientos de renovación de las concepciones políticas deterioradas que nos rigen. Su conducta torcida es la imagen de los diputados que no tienen voluntad de renunciar ni menos hacerle caso al clamor popular, con la excusa de que no hay poder que los obligue, prevaleciendo argumentos superficiales sobre la ética y la moral, que no conocen ni quieren conocer, de esa cuenta, somos espectadores de un juego de intereses que mantiene la hegemonía del poder sin importarles el pópulo ni la salud de la democracia. La discusión sobre el bien común no existe, limitándose el enredo al poder y el dinero, por lo que en esas condiciones promover el diálogo es una distorsión que permite legitimar la conducta irregular de un grupo de listos que nos ven la cara de babosos, responsables en buena parte de la tormenta económica y social que se aproxima. Aquí sobran las palabras. Lo que se necesita son acciones concretas que cambien el curso de los acontecimientos y consoliden el proceso democrático, abandonando los dirigentes su vocación mafiosa en todos los niveles, incluyendo el deportivo. Algunos impulsores del párrafo hace décadas maman de la teta del Estado, dando doctas opiniones con una significación que el tiempo convirtió en paja, incluidos los que intentaron tumbar el sistema a plomazo limpio sin lograrlo y que hoy insensibles a las penurias del pueblo viven como reyes y sin un átomo de dignidad, olvidan a los que están jodidos. Para empezar a cambiar, los diputados deben renunciar a su curul asumiendo los suplentes, que bien asesorados son una alternativa viable y mejor, que los actuales que sin ningún pudor manipularon y engavetaron las reformas constitucionales propuestas por diferentes sectores. Hacerlo implica enfrentar el poder tras el trono pero no hay alternativa, el país también vale una misa. Muchos no saben que no saben pero deben implementarse cambios irreversibles: renovar el Congreso a la mitad del periodo, mandato revocatorio, regular la figura del antejuicio, tecnificar y fortalecer la lucha contra la corrupción, etcétera. El sacrifico no es en vano, las sentencias que reciban los que están en el bote servirán de escarmiento a los mafiosos en ciernes y en las próximas elecciones algunos candidatos se van a depurar solos. Hay que informar y formar a los electores para que no sean presa fácil de cancioncitas ni bagatelas, y castiguen con su voto a los farsantes no digamos a los que distorsionaron el mandato recibido. La oportunidad para librarnos de la plaga de políticos perdularios como jengibre llegará. Nada es inútil si el futuro es mejor.

La conducta de los diputados es un calco de los últimos cincuenta años, la diferencia es que varios de sus predecesores eran preparados y con las excepciones de ley, sus vicios eran peccata minuta comparados con las fieras de este siglo, que institucionalizaron el desmadre con ayuda de los espíritus chocarreros escondidos en el salón de los pasos y los pesos perdidos, jugando con las intrigas que nunca faltan. Los supersticiosos dicen que en ese lugar espantan, alimentando su imaginación los símbolos y las alegorías que rodean esa clase de creencias. En todo caso, los que viven espantando al pueblo a cada rato son los diputados mañosos que convirtieron el Congreso en la fábrica de corruptos más grande del continente, pasándose de vivos.

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