Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Pudiendo estar en la cima de la cumbre, optan por el pantano

Teniendo la joya del Nilo en la mano, el gobierno ha optado por esconderla y hasta desprestigiarla.

 

— Manfredo Marroquín
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En abril del 2018, se celebrará en Lima, la octava Cumbre de las Américas, donde se espera confluya la mayoría de los treinta cinco jefes de Estado del hemisferio. El tema central de este encuentro de mandatarios que se celebra cada tres años, será “Gobernabilidad democrática contra la Corrupción”, un tema que resulta ineludible en el actual contexto regional y que tiene a más de un país, sumido en la crisis.

La experiencia de Guatemala con el funcionamiento de la CICIG es un caso que sale en todos los encuentros relacionados con el tema y en muchos países de todo el mundo es vista como un modelo exitoso. Teniendo pocos por no decir ningún activo político que ofrecer al mundo, la experiencia de combate a la corrupción del MP-CICIG debería constituir un activo de política exterior de interés nacional, sobre el cual el país podría posesionarse y atraer con ello la atención de otros gobiernos e inversionistas que vendrían interesados en aprovechar las ventajas geoestratégicas que hoy no podemos explotar por falta de confianza.

Sin embargo, teniendo la joya del Nilo en la mano, el gobierno ha optado por esconderla y hasta desprestigiarla, al punto de ser su principal agenda de gobierno, desaparecer del mapa la única experiencia exitosa que ha convocado el respaldo ciudadano en las calles y el aplauso de casi toda la comunidad internacional.

Es una verdadera pena que, contando con semejante activo, vayamos a una Cumbre que pretende buscar experiencias exitosas que escasean en el mundo de combate a la corrupción, a renegar y expresar lamentaciones como ha sido la tónica del actual mandatario en sus discursos, tanto en Naciones Unidas como adentro de Guatemala. Más contradictorio aún, resulta para propios y extraños que sea alguien que logró la presidencia gracias al rechazo ciudadano a la corrupción y los políticos tradicionales, quien ahora reniegue, sea detractor de la lucha anticorrupción y aliado de esa clase política corrupta que el pueblo rechazo en las urnas.

Si en alguna elección general quedó claro cuál fue el mandato delegado por el pueblo a un presidente, ese fue la del 2015, donde resultó electo Morales y era un contundente no más corrupción e impunidad a los actores materiales e intelectuales de la misma. Perder la oportunidad de proyectarnos al hemisferio y al mundo como un país exitoso en el combate a la corrupción, equivale a dilapidar y rematar el único activo político-institucional con que se cuenta. Suficientemente demostrado esta que la riqueza de las naciones que han conseguido niveles de desarrollo superiores, es producto de la certeza y confianza que generan sus instituciones. En vez de acercarnos a ese paradigma, los actores que resienten el resultado de las investigaciones de CICIG-MP como una cruzada ideológica, se resisten a abandonar el paisaje de pobreza, desempleo, violencia, desigualdad, migraciones que nos ha dejado la gran corrupción que agobia al país, por cierto, ocurrida bajo gobiernos mayoritariamente conservadores.

Lo que no logra ver el gobierno actual en su obtusa política junto a sus aliados en esta lucha contraria a la anticorrupción, es que la fórmula para mantener niveles de corrupción idóneos a sus intereses, ya perdió elementos esenciales como lo es una sociedad débil y apática y controles institucionales controlados. Persisten otros elementos como pobreza generalizada, alta desigualdad, economías mayoritariamente informales, etcétera, pero los elementos para restituir la receta de grandes negocios con garantía de impunidad, ya no están presentes.

Por esa razón, pretender resetearnos al pasado resulta no solo inviable sino totalmente un mal negocio pues el país perderá una oportunidad única para ser la estrella en la próxima cumbre de las Américas, donde muchos países estarán buscando la fórmula anticorrupción que nuestro gobierno se encargará de esconder.

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