Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Enfocados en las ramas, perdidos en el bosque

Guatemala requiere cambios, no parches.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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Las situación de Guatemala se torna más compleja con el pasar de los meses. La funcionabilidad del gobierno es débil y los desafíos a enfrentar siguen aumentando. El Presidente parece confundido y a la deriva. El Congreso no cambia su actitud, salvo en momentos donde se siente presionado por el clamor popular. El Organismo Judicial es el campo de las principales batallas. El MP y la CICIG siguen en el centro de la polémica. La descalificación empieza a convertirse en deporte nacional, usando las redes digitales como arma de ataque. La presión internacional en aumento. Estas son las ramas del bosque guatemalteco.

La visión desde dentro del bosque es oscura y compleja. Se perciben los diferentes intereses de los sectores y grupos de poder. Se acrecienta la desconfianza entre actores y se tiende a refugiarse con aquellos que ven las cosas en forma similar. Se descalifican las propuestas que provienen de otros. Todo es cuestionado. La polarización crece y las propuestas escasean. Es un pierde-pierde.

Desde afuera del bosque no se entienden los matices. Para ellos las opciones son claras: a favor o en contra de la lucha contra la impunidad y la corrupción. No se entienden las medias tintas tan comunes en nuestro país. En materia económica no se explican la incapacidad de alcanzar acuerdos y de hacer funcionar el gasto público. En materia social ven con incredulidad la indiferencia de políticos y de los sectores económicos ante la pobreza extrema y la desnutrición. En temas que tienen co-reponsabilidad, como el combate al narcotráfico y la proliferación de armas, se hacen los desatendidos. Algunos otros, apoyan en el país la resistencia a sectores estratégicos en sus países, tal los casos de la minería o de las hidroeléctricas.

La realidad no es tan compleja como se piensa dentro del bosque, ni tan sencilla como se percibe desde afuera. Podríamos avanzar si somos capaces de construir acuerdos, de superar diferencias, de confiar unos en los otros. Suena difícil en este ambiente de confrontación. Para empezar el diálogo debe ser en torno a los cambios constitucionales. Son necesarios o pueden posponerse. A la nueva legislación que debe fortalecer, no debilitar, los órganos de justicia, y que debe modificar de fondo la legislación electoral y de partidos políticos. Leyes que impulsen cambios profundos en la forma de funcionar del gobierno y sus ministerios. Que modifiquen de fondo el manejo de la infraestructura. Que hagan que el gasto social sea redistributivo y no oportunidad de enriquecimiento ilícito.

Guatemala requiere cambios, no parches. No estamos en una coyuntura difícil, estamos en una crisis institucional. No aceptarlo es jugar a la negación. Cambiar sin rumbo, es incendiar el sistema. Cambiar con dirección, es construir futuro. Un futuro mejor. No podemos seguir negando la realidad, el cambio es indispensable. No hacerlo, es jugar a todo o nada. Es evadir nuestra responsabilidad. No sigamos con el juego de la polarización e iniciemos el esfuerzo de concertación. Se requiere entender el bosque, no tan solo enfocarse en las ramas. Ramas que nos distancian. La lucha contra la impunidad es la punta de partida. El acuerdo nacional es el objetivo.

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