Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El espíritu Maryknoll y los/las afiliad@s

Según el Buen Vivir, la naturaleza no es un objeto, sino un sujeto y no solo las personas sino todos los seres vivos son contemplados como miembros de la comunidad.

 

— Marcela Gereda
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Asistí al colegio de monjas Monte María (Maryknoll) en Guatemala, hace ya más de veinte años, Sister Kim era la bibliotecaria: cabello blanco, pequeña y menuda. Gafas. Cruz de madera colgante. Una mirada fija y cuestionadora.  Desde una esquina la observaba en su silencio. En su dimensión secreta y entre los libros, entre el olor a guardado y su eterno cigarrillo, que solía tener sobre su escritorio (además de una taza de café y un cenicero inundado)  bastante literatura de la Teología de la Liberación.

Irónica y ácida. Lejana y repasando las doctrinas sociales de la Iglesia, preguntándose para quién es el cielo y si la revolución tenía un significado teológico, estaba Sister Kim, con quien tuve una profunda amistad. Y quien con sus conceptos de la Teología de la Liberación y su única forma de ser,  ha sido de las personas que más ha marcado mi vida.  Ella nos insistía que la salvación de los seres humanos no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica.

Aquellos días en ese colegio y la convivencia y estancia de mis padres en una misión con la comunidad de hermanos y hermanas de Maryknoll en hospital de Jacaltenango al inicio de los años setenta marcaron las inquietudes espirituales en mi familia. Fue en los años sesenta también que se hizo un paradigma innovador de cristianismo para los jóvenes que planteaban más cercanía y compromiso con los marginados. Fue con los intercambios entre colegios católicos y cursillos de capacitación social que mis padres se interesaron por aquella forma de entender y asumir la realidad.

La visión Maryknoll es: “Nosotras, Sisters de Maryknoll, visualizamos una Comunidad Terrestre en la que la energía co-creativa del Divino Amor corre libremente nutriendo la totalidad de los seres en un Universo que se amplía y evoluciona”.

La espiritualidad Maryknoll ha dejado grandes frutos sobre la tierra en acciones sociales trasformadores y mujeres y hombres que caminan y han caminado junto a algunos de los más desfavorecidos de la Tierra.

Dados los tiempos de esta modernidad líquida que corren y que nos recorren cada vez son menos las vocaciones que se suman a las misiones de Maryknoll, por eso los afiliados de Maryknoll son una agrupación de personas alrededor del mundo  que buscan mantener vivo y dar continuidad al espíritu Maryknoll y que se reúnen en MAC (Maryknoll Affiliate Conference). “Las y los afiliados Maryknoll son personas de fe que responden en comunidad al llamado de Dios de participar en la misión de Jesús. Se desafían unos a otros a ir más allá de las fronteras, tanto locales como globales, para caminar con los pobres y excluidos y luchar por la paz y la justicia para toda la creación”. (http://maryknollaffiliates.org)

Este espíritu busca a la vez comprometerse con la visión de los sacerdotes, hermanos,  las hermanas de Maryknoll y los misioneros laicos en la que se busca y se sabe que una educación que realmente es transformadora libera de todo aquello que no permite la plena realización como seres humanos de nuestro potencial (Freire).

Este noviembre 2017, la conferencia de afiliados/afiliadas Maryknoll se celebrará en Guatemala; la Familia Maryknoll se reunirá, para voltear la mirada hacia el pasado, dialogar en el presente y mirar con esperanza hacia el futuro.

Este año el eje central es el Buen Vivir, el cual “es un concepto de bienestar colectivo que surge por un lado del discurso postcolonial, crítico al desarrollo, y desde las cosmovisiones de los pueblos originarios. El Buen Vivir  es una visión ética de una vida digna, siempre vinculada al contexto, cuyo valor fundamental es el respeto por la vida y la naturaleza. Según el Buen Vivir, la naturaleza no es un objeto, sino un sujeto y no solo las personas sino todos los seres vivos son contemplados como miembros de la comunidad. También en el núcleo del Buen Vivir están los derechos de las comunidades a vivir según su modo tradicional”.

Este encuentro (como tantos proyectos y acciones transformadoras) son un espacio más en el que se busca construir un horizonte de esperanza para la educación y acción social porque se parte de esta particular espiritualidad como la acción social transformadora, el buen vivir y del respeto y amor al prójimo y a la Madre Tierra.

Esa espiritualidad encara en varias personas de Guatemala y del mundo, el Padre Guillermo Mullan, a sus casi noventa años sigue trabajando en comunidades qechies de Petén. Este misionero emblemático nos ha enseñado y ha puesto en su praxis vital que la espiritualidad es saber encontrar en cada ser humano el rostro de Jesús.

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