Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Landivariano

Salve Cara Parens, Dulcis Guatemala, Salve.

 

— Álvaro Castellanos Howell
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Delicium vitae fons et origo meae. (Origen, fuente, delicia de mi vida).

Quam juvat alma, tuas animo pervolvere dotes. (Cómo alienta recordar, Patria, tus dones)…

Hoy es un día landivariano. Evocar en esta fecha el Urbi Guatimalae de Rafael Landívar, no es un gesto caprichoso.

Hace exactamente 286 años nació el jesuita insigne en la hoy llamada Antigua Guatemala.

Indagando en la Hemeroteca Nacional si para el bicentenario (27/10/1931) del nacimiento del poeta y humanista guatemalteco se había publicado alguna edición especial, me encontré con gratas sorpresas.

El Imparcial publicó ese día sendos artículos dedicados a Landívar.

Inclusive, se reveló para ese entonces, una nueva versión en español de su poema más famoso e incluido en la Rusticatio Mexicana.

Esa traducción estuvo a cargo de Manuel José Arce y Valladares, con la colaboración del latinista José Manuel Barbales.

En un ensayo de J. Antonio Villacorta C., se divide en tres grandes episodios un curioso relato biográfico.

El primero, que comprende los estudios iniciales de Landívar y que abarca hasta 1749, y que luego, después de la muerte de su padre, se dirige a México, capital de la Nueva España. Era un joven muy precoz y dotado de gran inteligencia, pues antes de partir, se había graduado a nivel universitario, en 1747, a sus escasos 16 años, de Maestro en Artes.

En la segunda época de su vida, ya en el Virreinato, concluye sus estudios eclesiásticos en el Colegio de San Pedro y San Pablo, volviendo a Guatemala en 1761.

Y la tercera etapa de su vida, quizás la más dura y triste, pero justamente de gran producción poética, empezó en el año 1767, con la expulsión de los jesuitas, y que concluyó con su muerte en la ciudad italiana de Bolonia.

Solamente eso explica el enorme romanticismo en sus escritos sobre Guatemala, su flora y su fauna: el dolor del exilio.

Le garantizo una gratificante experiencia si usted decide ir a la Hemeroteca y pedir el diario El Imparcial del 27 de octubre de 1931. Podrá disfrutar enteramente de ese relato biográfico y de ensayos y comentarios sobre la obra poética del “Virgilio de América”.

Hoy, que Guatemala nos necesita tanto, solo quería recordar a Rafael Landívar en el día de su natalicio, y tomarlo de inspiración para apasionarnos por nuestro país.

El Urbi Guatimalae concluye (en la versión de Arce y Valladares), así:

“Entre tanto, recibe mis dolidos acentos, y sé tú, Patria mía, mi mejor galardón”.

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