Domingo 20 DE Octubre DE 2019
Opinión

La Lectura de nuestro tiempo

¿Cómo salvar nuestra circunstancia salvándonos a la vez a nosotros ?

 

Fecha de publicación: 21-10-17
Por: Juan Carlos Méndez

En las Meditaciones del Quijote, José Ortega y Gasset aseveró que “…yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Esta frase tan profunda nos impone una responsabilidad tremenda sobre el papel que como individuos libres nos toca jugar en el entorno en el que vivimos.

Más allá de los hechos superfluos de lo cotidiano, de la política marrullera, de la corrupción omnipresente o las ideologías, la pregunta fundamental gira sobre cuál es nuestra circunstancia, es decir qué lectura hacemos de la época que vivimos y qué debemos hacer para salvarla, para así salvarnos a nosotros mismos.

Indudablemente nuestra circunstancia está construida sobre la historia, que en resumen ha sido el “choque de dos civilizaciones”, tal como concebía Samuel Hungtington este fenómeno, la europea de occidente y la originaria de América, y de cuya colisión surgen las generaciones de guatemaltecos que hemos habitado el país; a ello hay que sumar quinientos años durante los cuales hemos acumulado hábitos, creencias, prejuicios sociales y morales que son parte de nuestra esencia y luego el influjo político y económico externo, el feudalismo español trasplantado a América por medio de las encomiendas, la colonia, la religión, el enciclopedismo, el liberalismo, el totalitarismo, el comunismo, la guerra fría, la democracia, la industrialización, la migración y recientemente la revolución digital e informática que está transformando rápidamente nuestras vidas; este cóctel y muchas cosas más constituyen en buena medida nuestra época.

En resumen el guatemalteco es una mezcla abigarrada de pueblos originarios, mestizaje y descendencia europea que dan cuerpo a una sociedad desgarrada que no ha logrado consolidarse como nación; inclusive entre las 22 comunidades lingüísticas diferenciadas que conviven en el territorio existen barreras enormes que llevan a la exclusión social casi de forma natural.

¿Cómo salvar entonces nuestra circunstancia salvándonos a la vez nosotros mismos? No hay recetas ni fórmulas mágicas. Guatemala tiene que encontrar su propio camino, con sus propios ingredientes; no se pueden copiar modelos de otros países, ni la social democracia alemana, ni el estado de bienestar europeo, ni el comunismo soviético fallido, ni el socialismo del siglo veintiuno de Venezuela doblemente fallido. Inserta en una gobernanza internacional cada vez más asfixiante, Guatemala debe encontrar su camino al desarrollo, que pasa por encontrar la integración social y cultural acoplada a la implementación de un modelo económico incluyente que permita aprovechar todos los recursos naturales y humanos que poseemos de manera sostenible y para el bienestar de todos sus habitantes.