Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

En el mes de las revoluciones, la revolución de la IA

— Roberto Blum
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La Inteligencia Artificial (IA) como disciplina académica nació en 1956. Los problemas tradicionales de la investigación de IA incluyen desarrollar máquinas que sean capaces de razonar, conocer, planificar, aprender, procesar información utilizando lenguajes naturales, la capacidad de percibir objetos externos, así como la capacidad de mover y manipular objetos en el mundo. La inteligencia general sigue siendo una de las metas a largo plazo de la disciplina.

A principios de este año, Alpha Go, un programa inteligente desarrollado por Google Deep Mind, fue capaz de ganarle a Ke Jie, uno de los campeones humanos del juego oriental llamado Go. Este es un juego de estrategia sumamente complejo, muchísimo más complejo que el ajedrez, juego en el que la computadora Deep Blue venció en febrero de 1996 al campeón Garry Kasparov.

En 2011, Watson un programa computacional en una máquina de IBM, compitió en Jeopardy, contra los campeones anteriores Brad Rutter y Ken Jennings ganando el premio de US$1 millón. Jeopardy es un juego en el que se requiere poseer una enorme cantidad de información general, así como hasta ese momento, la capacidad humana única de entender el lenguaje natural para responder con una pregunta.

Una nueva versión, Alpha Go Zero, sin estudiar ningún juego humano, tardó solo tres días en alcanzar y mejorar su comprensión de las estrategias ganadoras del juego, con las cuales se enfrentó a la versión anterior de sí mismo y ganó cien juegos a cero. Parecería que los humanos ya no pueden enseñarle nada más a Alpha Go Zero.

Los observadores actuales de los juegos desarrollados por la nueva versión inteligente recuerdan la leyenda de un extraño acontecimiento sucedido en Japón en 1835. Era un tenso día de verano. Honinbo Jowa, el campeón del juego de Go, tomó asiento en un tablero frente a un prodigio de 25 años llamado Akaboshi Intetsu. Ambos habían pasado sus vidas tratando de dominar ese juego. Ese enfrentamiento era muy significativo: Honinbo y Akaboshi representaban dos estilos de juego que luchaban por la superioridad. La rivalidad entre los dos bandos había estallado en acusaciones de juego sucio. Sin embargo, nadie podía imaginar que ese partido, ahora recordado por los historiadores de Go como el “juego del vómito de sangre”, duraría varios agotadores días. O que llevaría a un final espeluznante.

Al principio, el joven Akaboshi tomó la ventaja. Pero luego, según la tradición, aparecieron “fantasmas” y mostraron a Honinbo tres movimientos cruciales. Su recuperación fue tan abrumadora que, según cuenta la historia, su oponente se desplomó y comenzó a toser sangre. Semanas más tarde, Akaboshi fue encontrado muerto.

Ahora la empresa ha publicado una serie de 55 juegos jugados por “máquina contra máquina” que los jugadores humanos encuentran extraños, increíbles, como del futuro o venidos de otra dimensión. “Así es como imagino los juegos del lejano futuro”, dijo Shi Yue, un jugador de Go de China. Jonathan Hop que ha estado revisando los juegos, llama a los enfrentamientos AlphaGo-vs-AlphaGo, “juegos de una dimensión alternativa”. Otro experto afirma: “uno tiene la sensación de que una civilización alienígena ha dejado caer una guía críptica en nuestro medio: un manual de juegos que es inimaginablemente brillante”.

¿Serán estos hechos el inicio de la “superinteligencia”, es decir cuando agentes mecánicos sean capaces de superar a los humanos más inteligentes? Ray Kurzweil señala el año 2029 como la fecha en que las máquinas tendrán una inteligencia semejante a la humana y el año 2045 en que se alcance a “singularidad”. A partir de ese momento, la inteligencia artificial (IA) experimentará una explosión creativa inimaginable. Inteligencia que se auto desarrolla y auto supera. Entonces se vivirá la verdadera revolución de las revoluciones.

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