Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Aniversario de la Revolución

— Editorial
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Hoy, 20 de octubre, estamos celebrando el 73 aniversario de la gesta cívico-militar que derrocó al régimen de Federico Ponce Vaides y puso fin a la dictadura ubiquista, que duró 13 años y pico (1931-44).

La Revolución de 1944 dio inicio a un proceso de democratización que duró cerca de diez años, a lo largo del cual se promulgó una Constitución en la que se consagraron, además de los derechos individuales (civiles y políticos), los derechos económicos, sociales y culturales de la población, y se instituyó un régimen de seguridad social, que es el brazo más poderoso de la justicia social.

Sin duda, la Revolución de 1944 se inspiró en la Doctrina de las cuatro Libertades (libertad de expresión, libertad de culto, libertad de toda carencia y libertad de todo temor) que impulsó el entonces presidente de EE. UU., Franklin Delano Roosevelt (1933-45), y en el espíritu democrático, que fue la fuerza moral de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45) contra las potencias del Eje (Berlín-Roma-Tokio), de corte fascista totalitario.

El proceso revolucionario fue brutalmente interrumpido por una contrarrevolución (1954) patrocinada por el gobierno estadounidense de Dwight Eisenhower, a raíz de la expropiación de tierras de la United Fruit Company. Otro “leit motiv” de la contrarrevolución fue la “política de contención”, originada por el expansionismo soviético durante la Guerra Fría.

No obstante, los principios y logros de la Revolución del 44 siguen estando presentes en la sociedad guatemalteca del Siglo XXI. Los principios de descentralización, de separación de poderes, de no reelección, de sufragio efectivo, de probidad, de alternabilidad, etcétera, no han perdido vigencia. Tampoco se han olvidado los esfuerzos de los gobiernos revolucionarios en función del desarrollo económico y del progreso social.

Empero, además de los problemas de pobreza, miseria y exclusión que nos siguen golpeando, enfrentamos un desafío formidable y este es el combate contra el crimen organizado.

Todas las instituciones democráticas ineluctablemente han venido sucumbiendo ante el poder de la mafia y, mientras esta no sea vencida y sometida al imperio de la ley, no habrá garantía de un futuro promisorio.

Luego, debemos enarbolar la bandera de la revolución por el imperio de la ley y luchar en pos del fortalecimiento de las instituciones del sector justicia, que aseguran la resolución pacífica de los conflictos, las que, además de constituir un muro de contención contra la mafia, son las únicas que pueden proveer paz, armonía y prosperidad en el largo plazo.

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