Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Encendidos en patrio ardimiento

Comprender la realidad guatemalteca desde una visión nacionalista desfasada solo producirá efectos negativos.

 

— Manfredo Marroquín
Más noticias que te pueden interesar

Llama realmente la atención cómo grupos y personas que ven en la tarea realizada por Iván Velásquez al frente de la CICIG, una afrenta a la soberanía nacional y una inaceptable intromisión en asuntos internos, no muestran ningún nivel de indignación y beligerancia frente a graves situaciones que ponen en entredicho nuestra dignidad como Estado-Nación.

Tener viviendo a la mitad de los niños menores de cinco años en condición de desnutrición crónica, situación que reduce en la práctica a la mitad el potencial de nuestro crecimiento futuro en todas las esferas de la vida, y que los pocos recursos destinados a revertir esta vergonzosa condición, los consuma la corrupción gubernamental, nunca ameritó que dichos grupos de desgarren las vestiduras como lo hacen actualmente.

Tampoco que estemos liderando los últimos lugares de prácticamente la mayoría de indicadores de desarrollo humano y de corrupción y que seamos uno de los diez países más violentos del mundo.

Para estos grupos existe una suerte de idea que todo pasado fue mejor, pero la evidencia indica lo contrario. ¿O, acaso, una fiscalía que no persiga criminalmente la corrupción o presente prueba técnica, es mejor que la actual; una justicia complaciente –como la que tristemente parece regresar en estos días– es mejor que una que permite el avance de las investigaciones; o es mejor que las redes de corrupción y crimen funcionen al amparo del Estado, para evitar que “el mundo piense que somos corruptos”, en vez de una Guatemala, que sea vista como ejemplo de una sociedad comprometida con la lucha contra la corrupción?

El mundo está cada vez más interconectado. Un teléfono y acceso a Internet son suficientes para enterarnos de lo que sucede en el otro lado del globo, comunicarnos con amigos o comprar artículos de consumo cotidiano. El capital y sus representantes circulan por el mundo con una libertad sin precedentes. Los Estados han realizado esfuerzos por integrar sus normas y políticas como nunca antes en la historia, mientras que las entidades internacionales aparecen con más frecuencia en las noticias que leemos diariamente. El mundo cambió y sigue cambiando aceleradamente, y con él ha cambiado la comprensión y el rol del nacionalismo y las fronteras, entre otros. Comprender la realidad guatemalteca desde una visión nacionalista desfasada solo producirá efectos negativos. Perderemos las oportunidades que ofrecen las nuevas tendencias globales y nos quedaremos estancados en la desigualdad y la injusticia.

En realidad, es urgente que los y las guatemaltecas debemos evitar caer en las trampas discursivas de aquellos que visten de nacionalismo e ideología esta lucha por sanar Guatemala. Pedimos soberanamente la creación de la CICIG justo para vencer estas estructuras de poder corrupto que hoy se resisten a morir; su desesperada lucha por aferrarse a sus marcos de poder, en vez de asustarnos y sumarnos a la resistencia, debería ratificarnos en nuestro compromiso. La CICIG y don Iván no son los enemigos; ellos son los factores de canalización de una energía ciudadana nueva, limpia y legítima, que busca llevar al país a una nueva fase de desarrollo institucional y democrático. Guatemala vive una nueva transición; devolvernos no es el camino. Por ello, debemos comprometernos con avanzar en vez de retroceder, comenzando por identificar puntos de no retorno.

Etiquetas: