Lunes 11 DE Diciembre DE 2017
Opinión

¡Vamos a la obra!

En diciembre de 2016, se descubrió la primera red de carreteras en todo el mundo. Muchos pensarán que esto fue en algún lugar exótico y lejano, pero no. Fue en nuestro país, en El Mirador, una ciudad maya ubicada en el corazón de Petén. Los habitantes de aquel entonces construyeron más de 240 kilómetros de camino para trasladarse y transportar sus mercancías. Sin duda este es uno de los factores que hizo de esta ciudad la cuna de la civilización maya.

 

— Salvador Paiz
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Lamentablemente hoy Guatemala es muy diferente. Todos hemos sufrido las eternas horas en el tráfico y las consecuencias de un asfalto en mal estado. El sistema vial de nuestro país es caótico, pero las consecuencias de vivir en un país con infraestructura deficiente van más allá de llegar tarde, cancelar planes o cambiar una llanta. Se trata del campesino en Quetzaltenango que cultiva perejil pero no puede comercializar su producto ni siquiera en Cobán. Se trata de la hija de dicho campesino que no puede viajar a la cabecera departamental para estudiar, y del riesgo que corren al no contar con cobertura de ambulancias que los pueda trasladar a un hospital en caso de emergencia. ¿Cómo atajar este gran problema? Un posible inicio es participar hoy en el Enade (Encuentro Nacional de Empresarios), ya sea físicamente o virtualmente.

Este año el Enade busca que todos formemos parte de este diálogo de manera constructiva. A diferencia de años pasados, hoy no se presentará una propuesta bien cocinada, sino que se hará un llamado a la acción. Serán puestas sobre la mesa ideas mártires, las cuales fueron trabajadas en conjunto con otros tanques de pensamiento y nutridas en una serie de diálogos ciudadanos, para que todos los guatemaltecos que queramos unirnos a la discusión aterricemos, con sentido de urgencia, las reformas que son necesarias para ejecutar obra pública.

La realidad es que la infraestructura de nuestro país no ha crecido al ritmo en que nuestra población lo demanda. Desde el 2013, no se ha construido ni un solo kilómetro adicional a nuestra red vial la cual, de paso, está deteriorada y desatendida. Ello nos hace el país de la región con el menor número de metros por habitante de red vial con o sin pavimento (1 m/hab. contra el 3.9 de Panamá o el 8.7 de Costa Rica). Además, en carreteras en donde en el 2000 transitábamos a 58 km/h, hoy viajamos a apenas 37 km/h. Este escenario no solo reduce drásticamente el mercado accesible para transacciones comerciales, sino que se convierte en quizás el principal cuello de botella en el cortísimo plazo para el desarrollo incluyente de nuestra nación.

Hay una salida. Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, invertir el uno por ciento del PIB en infraestructura por cinco años permitiría reducir pobreza extrema en cinco por ciento. Para lograr nuestro desarrollo incluyente necesitamos construir más de 47 mil 500 km en los próximos 15 años, lo cual requiere una inversión aproximada de US$45 mil millones (2.14 por ciento del PIB anual). Pero además de esto, debemos velar por la reparación de la Red Vial Pavimentada, cuyo costo supera los US$650 millones. Es cierto que no alcanzan los recursos del Estado para atender un reto de esta magnitud, pero también es cierto que Covial tan solo ejecutó el 13.2 por ciento de su presupuesto. Es por ello que se plantea la necesidad de cambiar el modelo de ejecución de infraestructura vial, de buscar un esquema que permita construir carreteras sin ceder la naturaleza pública de este bien común y sin caer en los problemas de corrupción que aquejan a la región entera. Tenemos un reto inmenso frente a nosotros, por lo que los aportes desde cada punto de vista profesional serán bienvenidos y acopiados a través de la plataforma de colaboración que se presentará esta tarde. Este sí es un tema que, como ciudadanos, debemos exigir sea aprobado de urgencia nacional en el Congreso de la República.

La peor carretera es la que no existe. No se trata de peajes ni de privatización, se trata de disponibilidad de infraestructura. Disponibilidad que permita conectarnos con todos los rincones olvidados de nuestro país, lo que traerá más inversión y más oportunidades. Disponibilidad que debe lograrse bajo un esquema acelerado y que reduzca las oportunidades de corrupción. Disponibilidad de, literalmente, construir un mejor país. ¿Qué estamos esperando? ¡Vamos a la obra!

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