Lunes 11 DE Diciembre DE 2017
Opinión

Ordenando las finanzas del Estado

El manejo transparente de los recursos públicos favorece en la práctica la cultura tributaria.

 

— Juan José Micheo Fuentes
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En esto de la hacienda pública no hay recetas, pero sí abundante experiencia en varios países acerca de que no todo el endeudamiento per se es malo y que no todo déficit es dañino. Países que se endeudaron para construir infraestructuras, redes hospitalarias y centros de enseñanza lograron incrementos significativos en la productividad que les permitió generar los recursos necesarios para repagar los préstamos, disminuir la deuda y hacerla sostenible en el tiempo. Los países en vías de desarrollo, como los centroamericanos, nos enfrentamos a grandes desafíos. Por un lado, las demandas sociales son elevadas y por el otro las cargas tributarias son relativamente bajas. Nadie puede oponerse a que los gastos en materia de seguridad son imprescindibles, ni que la salud pública no sea un sector que debe apoyarse al igual que la lucha contra la pobreza y desnutrición infantil. O, la construcción de carreteras. De todo ello estamos claros. Lo aconsejable en este sentido es replantear el nivel óptimo de la carga tributaria, su composición y el panorama fiscal.

En la práctica los presupuestos nacionales se hacen proyectando ingresos y gastos, y cualquier déficit fiscal se cubre con endeudamiento. La mayoría de las veces los ingresos están sobrestimados y los gastos se incrementan sin control, lo cual se traduce en mayores desequilibrios y brechas fiscales. No se toma en cuenta la verdadera capacidad de pago que tiene el país, los ingresos reales que se espera tener y casi nunca se consideran los ahorros en materia del gasto público. La carga tributaria recae sobre los mismos contribuyentes y se hace poco en ampliar la base tributaria, eliminación de subsidios y racionalización de exoneraciones.

En cuanto a la administración de los fondos públicos los parlamentos, con intervención de estructuras ilegales han sido flojos en imponer disposiciones contra el enriquecimiento ilícito, estrictas regulaciones presupuestarias, normas rigurosas de transparencia en las compras de proveeduría y contrataciones de obra pública; llegando al grado que dichas estructuras cooptaron los sistemas de justicia, contralorías de cuentas, fiscalías anticorrupción, procuradurías generales y ministerios públicos creando escudos de defensa ante posibles señalamientos de corrupción a funcionarios estatales.

Interesante la medida tomada hace algunos años en Ucrania con la puesta en marcha de la “ley de depuración de los servidores públicos”. A través de la cual más de un millón de funcionaros de gobierno pasaron por escrutinio y al comprobarse delitos de malversación fueron judicialmente procesados, acompañados de la “muerte civil” por medio de la cual nunca más podrán acceder a cargos públicos. Perú recientemente aplicó este mismo procedimiento. Acciones como estas deben ser estudiadas e imitadas, pues son medidas que cambian la percepción negativa que tiene la ciudadanía de la burocracia. El manejo transparente de los recursos públicos favorece en la práctica la cultura tributaria, que se consolida cuando la población comprueba que los fondos invertidos con transparencia se traducen en obras de beneficio colectivo.

Aquellos países que son prudentes y responsables en la administración de las finanzas públicas, con presupuestos nacionales coherentes a la realidad económica logran condiciones de crecimiento y prosperidad. Mientras que naciones que aumentan el déficit fiscal y que sustraen fondos del erario nacional propician en algún momento que acreedores internacionales tomen el control de sus países e impongan drásticas medidas de austeridad en detrimento del bienestar general.

Si en verdad existe la voluntad política para resolver el problema fiscal, los gobiernos deben comprometerse a estructurar mecanismos del control del gasto público. Y, por su parte las sociedades de la región obligarse al pago correcto de los impuestos que corresponda. Lo que no es viable, es seguir formulando presupuestos desfinanciados. Permitir el derroche, la corrupción galopante y la impunidad nos llevará irremediablemente al abismo. ¿Estamos dispuestos a cumplir cada una de las partes con su responsabilidad?