Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La caja de Pandora y la banalidad del mal

“El funcionariado moderno requiere de alta calificación e integridad, sin lo cual gravitaría una enorme corrupción o una mediocridad vulgar”. (Max Weber, Economía y Sociedad).

 

— Edgar Balsells
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Como magistralmente lo publicó Hannah Arendt a propósito de la época nazi que es preciso rememorar para nunca volver a repetir: aunque no disculpables ni inocentes, quienes son eslabones de tales actos son sencillamente operarios de maquinarias burocráticas que actúan dentro de las reglas producidas por el mismo sistema, siendo así que los protagonistas no se preocupan por las consecuencias de sus actos, solo por el cumplimiento de órdenes. Si bien Arendt aplica su análisis a condiciones extremas y tristemente recordadas por la humanidad, bien vale la pena reflexionar sobre la banalidad de nuestra corrupción reciente y actual.

Este país en verdad que es surrealista, al oír a don Carlos Mencos decir que le es muy difícil fiscalizar los gastos de la comuna capitalina porque están como encriptados en transacciones bancarias que no le reportan a él sino a don José Alejandro Arévalo, flamante Superintendente de Bancos. Ambos son colegas, y están ligados a importantes movimientos gremiales y facultativos, siendo el primero líder de la entente que preside el Colegio de tales profesionales, mientras tanto, el segundo reporta en su curriculum vitae haber sido Decano de la Facultad de CC Económicas de la Universidad Rafael Landívar. Además ambos bailan muy bien con la clase política: estratega financiero de la portuaria con los Patriotas el primero, y nada menos que ex-Diputado Unionista el segundo, antes de asumir el mando de la regulación bancaria.

Y me pregunto yo, ¿no sería posible que se platiquen, se coordinen y propongan las arquitecturas institucionales necesarias para que no estallen cajas de Pandora por doquier? Talvez, siendo constructivos, lo que sucede en tales ambientes de la gran burocracia de la fiscalización, y su vertiente intelectual, es que las mentalidades que predominan, tan acostumbradas a la judicialización de procesos y no a la prevención, carecen de la suficiente visión y responsabilidad cívica como para imaginar las propuestas necesarias para formular los correctivos que están a la vuelta de la esquina. Se reúnen en cónclaves por todo el globo, viajan con buenos viáticos, pero son incapaces de proponer.

La caja de Pandora Panista/Unionista se hubiera podido evitar si al tenor de los nuevos tiempos, tanto su cúpula dirigencial, como los intelectuales y profesionales que comandan la orquesta técnica de la fiscalización y el gasto de calidad en la esfera estatal, los hubieran podido reconducir por una senda acorde con los nuevos tiempos de la gobernanza, el Post-Consenso de Washington y otras convenciones que gradualmente se han venido implantando en América Latina. ¿Por qué ello no ha sido posible?

Simplemente porque estos poderosos entramados profesionales están gobernados por una legión de burócratas que buscan su perpetuación dentro de la vorágine de los poderes fácticos. Los reguladores bancarios están subordinados al poder bancario y a la égida de la Junta Monetaria, mientras que los Contralores están envueltos en un complejo y politizado proceso de postuladoras, institucionalizado a partir de las reformas constitucionales de 1993, que además nos dejó el nefasto legado de la reelección de alcaldes.

Ahora bien, como tales burocracias han sido empujadas a otro bailongo, han pasado de la noche a la mañana a reconducirse y rasgarse las vestiduras de la banalidad, tema este que suelen hacer muy bien, pues como dicen los expertos, el burócrata carece de corazón y de emociones y su comportamiento debe ser símbolo de la racionalidad y el método, tal y como se conoce tal proceder dentro de los sagrados ambientes del poder dentro del hemisferio occidental. A pesar de los daños causados, sano sería entonces buscar el camino de una gobernanza moderna.

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