Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Reformas ausentes

La lucha contra la corrupción, a lo sumo, lo más que puede lograr es visibilizar los problemas que subyacen tras el funcionamiento del sector público.

 

— Hugo Maul R.
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Dos años después que se iniciara la cruzada contra la corrupción, los principales problemas en materia económica y social, así como la efectividad y eficiencia de la administración pública,  siguen igual, o peor que antes. A pesar que el país ha vivido durante estos dos últimos años un período excepcional de civismo y preocupación ciudadana por los asuntos públicos, habiéndose multiplicado de forma exponencial la cantidad de organizaciones y grupos de la sociedad civil involucrados en todo tipo de temas relacionados con la transparencia, gobierno abierto y combate a la corrupción, los desafíos básicos del desarrollo siguen sin ser atendidos de manera efectiva. Para bien o para mal, parece que la lucha contra la corrupción ha terminado por monopolizar la atención ciudadana, de los medios y los expertos, quedado en un distante segundo plano las demás reformas que necesita el país.

Si bien las reformas necesarias para garantizar mayor transparencia, rendición de cuentas y menores niveles de corrupción dentro del sector público son prioritarias y urgentes, hay que tener meridianamente claro que la gestión y políticas públicas no se caracterizan hoy por la legitimidad de sus propósitos, prioridades, calidad, efectividad y eficiencia. En ausencia de reformas en estas áreas no hay razones para pretender que cambie de manera fundamental la provisión adecuada de servicios de salud o mantenimiento de carreteras, para citar un par de ejemplos.

Esta lectura de los acontecimientos políticos y sociales derivados de la lucha contra la corrupción no pretende subestimar la importancia de la misma, ni poner en duda el papel de la ciudadanía en ella. Al contrario, esta reflexión va dirigida a llamar la atención acerca de la importancia de seguir avanzando en las demás áreas de reforma que el país necesita. Creer que esta agenda de reformas saldrá de manera consensuada de la protesta social es un error. De “La Plaza”, dada su naturaleza espontánea, ausencia de estructura jerárquica y desconfianza hacia los liderazgos que pretendan representar la diversidad existente, difícilmente surgirá una propuesta de ese tipo. Sobre todo, ya que este tipo de temas no es lo que despierta los más intensos sentimientos de quienes participan en las protestas sociales. En este estado de cosas, la lucha contra la corrupción, a lo sumo, lo más que puede lograr es visibilizar los problemas que subyacen tras el funcionamiento del sector público. Un resultado, sin duda, importante y beneficioso, pero insuficiente para mejorar la capacidad del sector público para producir resultados beneficiosos para la población. Razón por la cual, hoy más que nunca, hay que retomar los mecanismos de construcción de acuerdos para construir una agenda de política pública orientada a reactivar la economía, mejorar la forma en que funciona el aparato público, promover la creación de empleo, aumentar la inversión en infraestructura y mejorar la efectividad de las políticas sociales.

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