Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Educación política corrupta y violenta

Las bandas no quieren perder el viciado control.

 

— Méndez Vides
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La Universidad de San Carlos fue destruida en los cruentos años de la guerra interna, cuando la represión acabó con tantos maestros brillantes, desaparecidos o acomodados en el exilio. Aquellos años complejos y tristes demandaron mucho atrevimiento, esfuerzo y compromiso. Un letrero de entonces, en un muro, decía: “El hombre es eminentemente político, así que politízate animal”. La Universidad era más que un centro de formación académica. Imbuidos en el espíritu colectivo, con un grupo de amigos formamos el grupo AMPERIO para dirigir en una época delicada, la asociación de estudiantes de nuestra facultad. Nos motivó el principio de participar. Los grupos que siempre ganaban no pelearon el voto, ni se enojaron u ofendieron, nos entregaron las llaves de la sede y recibimos la inmensa carga de responsabilidad con un fuerte apretón de manos. La experiencia fue suficiente para nosotros, porque ninguno optó por hacer carrera en la política, y algo habremos aprendido sobre la condición humana y las dificultades que entraña el poder.

La perversión y corrupción se precipitaron después, y mientras exista tales debilidades en la educación superior, así mismo ocurrirá en el Gobierno y en la empresa privada. Hay muchos maestros y estudiantes dedicados, no se puede generalizar, pero en prácticas políticas es allí donde se aprende, lo que se practicará y perfeccionará en el ámbito profesional.

Cuentan la historia reciente de un candidato a decano en cierta unidad académica a quien un grupo de estudiantes ofreció dinero para su campaña a cambio del manejo futuro de las compras a proveedores. Deslizaron sobre la mesa cien mil quetzales en efectivo, y prometieron entregarle semanalmente la misma cantidad. Por supuesto que él no aceptó, pero imaginen lo que estudiantes de tal talante harán cuando sean profesionales y opten por realizarse en la cosa pública.

Lo sucedido la semana pasada en la Facultad de Derecho es lamentable, porque se supone que los estudiantes perdedores atacaron y golpearon a los jóvenes que acababan de ganar. ¿Qué es eso? ¿Violencia para asustar y reprimir? ¿Querrán gobernarlos? Las bandas no quieren perder el viciado control, y se aferran como rémoras. Pero las autoridades y estudiantes ya se hartaron, y quizá ahora se recupere la esperanza.

Si la universidad permite la violencia y corrupción política, los estudiantes se doctorarán en mañas y las repetirán en el sistema. Impulsar una Universidad nacional con ética y formación de altura, podría ser la solución para el relevo generacional. Si queremos componer Guatemala, empecemos por devolver a la Universidad su prestigio.

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