Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Corrupción y competitividad

— Editorial
Más noticias que te pueden interesar

Según la información más reciente en materia de competitividad, Guatemala experimentó un importante retroceso durante los últimos años. Hablar del tema de la competitividad en medio de esta crisis política e institucional que vive el país podría parecer una pérdida de tiempo. Por más importante que este tema pueda ser, en el corto plazo es más urgente recobrar algún grado mínimo de orden y equilibrio en la esfera política. A pesar de esta aparente desconexión, la crisis política actual y parte del retroceso en la competitividad se originan en el mismo fenómeno: la corrupción. En un sentido amplio, mientras más regulaciones, prohibiciones y limitaciones existan, y más confusas e incoherentes sean, mayor discrecionalidad se necesitará por parte de los funcionarios públicos para hacer cumplir la misma, y, como lo evidencia el caso de La Línea, mientras más discrecionalidad existe más profunda y extensa la corrupción.

Aunque no se puede justificar, resulta perfectamente comprensible que ciudadanos honestos terminen involucrados en actos de corrupción, sencillamente porque no existe otra forma de escapar del “secuestro” que, de facto, castas de funcionarios privilegiados mantienen, gracias al poder que se les confiere, sobre cientos y miles de empresarios y empresas que desean vivir en la legalidad. Este tipo de situación en nada beneficia a quienes quedan atrapados involuntariamente en estas redes. Sería absurdo creer que quienes ven afectada la competitividad de sus negocios producto de la corrupción no estén interesados en que este mal sea arrancado de raíz. El hecho que las circunstancias, los haga víctimas de la corrupción no puede interpretarse como una confabulación a favor del statu quo, sino como una simple reacción ante el grado de indefensión frente a quienes ostentan el poder. Al final, la corrupción daña a los empresarios tanto como a cualquier otro guatemalteco, tal y como los índices de competitividad lo están mostrando. Más que incrementar las sanciones y los controles, acciones que terminan creando nuevos márgenes para la discrecionalidad de los funcionarios, o castigar de manera ejemplar a quien incumpla con lo establecido, lo que se necesita es reducir, aclarar y simplificar al máximo las distintas normativas para hacer negocios.

Etiquetas: