Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El gobierno distribuye riqueza, y proporciona los servicios básicos que otros no cubren… ¿cierto?

— Por Alejandro Wohlers
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El sistema capitalista, en un sentido muy simplista, se basa en satisfacer necesidades de otros y así generar riqueza. Sin embargo, ¿qué sucede cuando no existe alguien interesado en satisfacer determinada necesidad básica, quién la cubrirá?

El gobierno no es únicamente un centro administrativo, es un ente que satisface necesidades no cubiertas. Me explico con un ejemplo. En Guatemala es común la seguridad privada, por ejemplo el típico policía de garita, cubriendo la necesidad de brindar seguridad al vecindario y por ello los vecinos pagarán el costo. Pero, ¿qué sucede afuera de ese vecindario?, ¿qué sucede si las personas no pueden cubrir el costo de dicha seguridad?, alguien debe brindar seguridad. Es allí donde el gobierno se convierte en prestador de servicios, cubriendo esas necesidades básicas que no serán cubiertas de otra forma.

Pero no debemos olvidar que tanto el policía de garita, como la seguridad pública, operan de forma similar. Una comunidad de personas, que se agrupa, y aporta para cubrir una necesidad. En el caso del policía de garita será la cuota de vecinos, y respecto de la seguridad pública serán los impuestos.

Los impuestos sobre la renta en Guatemala operan de manera progresiva, es decir, el que gana más-paga más. Allí se realiza, en principio, una distribución de riqueza. El que más tiene, aporta más para sustentar los servicios que benefician a todos y en especial a los que menos tienen. Por lo que fomentar la generación de negocios, no solo se basa en satisfacer las necesidades de otro, sino permite que los que generen más aporten más, y se distribuya la riqueza para cubrir servicios de los que tienen menos. Hasta ahora la teoría suena bien, pero miremos qué sucede en Guatemala.

Recientemente salió publicado el índice de competitividad global, en el cual Guatemala no solo es de los países más rezagados, sino ha caído seis puestos. Esto, sin que en el índice refleje la reciente crisis política respecto al antejuicio del presidente Morales y cuestionables reformas legislativas. Así que decidí observar los factores, que según los encuestados, impiden hacer negocios en Guatemala.

En orden de afectación fueron: 1. Crimen y robo (14 por ciento);
2. Corrupción (13.9 por ciento); 3. Burocracia e ineficacia gubernamental (12.6 por ciento); 4. Oferta inadecuada de infraestructura (12.5 por ciento); 5. Inestabilidad de políticas públicas (9.6 por ciento); 6. Inestabilidad política (8.6 por ciento); entre otros.

Al ver estos factores, es inevitable reflexionar que Guatemala cuenta con un gobierno absolutamente fallido. Que la única razón por la cual no progresamos como país es por nuestro propio gobierno. En Guatemala hay gente amable, trabajadora y soñadora, gente que aporta y cumple con las leyes. Pero ese aporte se da a un gobierno que no cumple su función de administrador, ni de prestador de servicios básicos.

El camino a la solución, el índice de factores nos lo da. Si tan solo el gobierno invirtiera efectivamente en seguridad, salud, educación e infraestructura, sin sobrevaloración de obras, puestos fantasmas, gastos administrativos y de representación innecesarios, entre otros. Lograría administrar adecuadamente y satisfacer las necesidades del pueblo, creando además estabilidad política.

Yo tengo claro que  en Guatemala sí hay repartición de riqueza, el problema es cómo se reparte. Espero que los funcionarios que hoy nos impiden mejorar, puedan ver reflejados en cada bono indebido, cada soborno, cada ley que atiende a su interés únicamente, cada viático innecesario, como se pierde la educación de un niño, el alimento de un hambriento, la salud de un enfermo, la vida de una persona asesinada y la infraestructura destruida en la que vivimos los guatemaltecos. Pero que sepan que mañana seguiremos luchando, fieles a nuestra gente, valores y al país que anhelamos.

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