Martes 21 DE Mayo DE 2019
Opinión

Desencanto y desesperanza

Se observó en los rostros  y la mirada.

 

Fecha de publicación: 28-09-17
— mario mérida

Continuamente se escuchan diferentes frases para dar relevancia a la crisis actual, tales como: el pueblo exige; la plaza reclama; la sociedad demanda; los universitarios presionan; la comunidad internacional y otras organizaciones exhortan; la academia llama a la reflexión, la nación entera pide la renuncia del presidente y diputados. Podemos estar en desacuerdo con los verbos empleados, pero, no se puede negar que estas expresiones reflejan el desencanto de los guatemaltecos, que participaron en las pasadas elecciones.

Basta mencionar los datos del padrón electoral con 7,556,873 inscritos. En la 1ra. vuelta votaron 5,390,000. Los votos válidos fueron: Jimmy Morales (1,167,269); Sandra Torres (967,242); Manuel Baldizón (961,284); Alejandro Giammattei (315,774) y Zury Ríos (288,421). Hubo 251,396 votos en blanco y 216,263 nulos.

En la 2da. vuelta Morales versus Torres votaron 4,253,417 ciudadanos. El actual presidente obtuvo 2,393,269 votos. Se registraron 69,705 papeletas en blanco y 106,102 anuladas. Podría arriesgarme a teorizar que un buen porcentaje de quienes lo eligieron están desilusionados; chasqueados, decepcionados, hartos; desengañados, frustrados; hastiados y desesperanzados, ante el estado actual y futuro de nuestro país y no de este país, como es habitual escuchar de analistas y expertos, al realizar sus análisis sobre Guatemala.

El desencanto trae consigo la desesperanza –Desaliento, Duda, Desengaño, fraude, Desanimo, pero también ira–; la cual se observó en los rostros de las personas que vimos manifestar en días pasados, cuyo estado de ánimo indudablemente se reflejará de manera contundente en el próximo proceso electoral.

Los preocupados por el devenir político del país se preguntan ¿Quién sacará a Guatemala de esta situación?, mientras que a otros connacionales les preocupa la criminalidad, el alto costo de la canasta básica; el desempleo, la pésima atención hospitalaria, las lluvias y el pésimo estado de la red vial. Estos ciudadanos no esperan milagros, sino un LIDER, o sea todos coinciden en lo mismo.

Es momento que los actores ajenos a lo público se liberen de sus agendas y encuentren una salida consensuada a la crisis; no por el riesgo que el país termine igual que Venezuela; está claro el valor geoestratégico del país para EE. UU., por ello quién sabe si veremos otra intervención como la de 1944, cuando obligaron a renunciar a Ponce Vaides y designaron un triunvirato.