Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Bono chafa ¿lo devolvieron?

Los hijos… del honor roban nuestros dineros.

 

— Helmer Velásquez
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El único riesgo –sabido– que padecen los generales y coroneles de escritorio en este país, es que puedan resbalarse en una cáscara de octavo y romperse el coxis, ya en las parrandas que se recetan en los divertidos clubs de “oficiales” o aquellas dedicadas a la “querida”.  Ambos jolgorios  subvencionados, por civiles, con los impuestos que puntualmente nos descuenta el Estado o pagados, vía indirecta en nuestro consumo. Obviamente da grima, pensar que con lo que a nosotros nos falta –pues drenan nuestro salario. Coroneles y generales de circo barato. Se pagan a sí mismos, abultados, bonos dinerarios, sin siquiera trabajar.  El costo de mantener a Jimmy y cuates en el poder. Lo pagamos nosotros. Nos extorsionan los chafas. Utilizan la oscuridad del secreto militar,  el poder de vetustas armas y su escasez de vergüenza.

No conformes con la millonada que históricamente han hurtado, vía cuques fantasma y compras simuladas. Ahora vienen con la ridícula creación del “bono de riesgo  para ser  transparentes”, como dijo el gorila mayor, sin sonrojarse. Pretendía justificarse. Se le trababa la lengua, eso sí. Pero eso es de “nación”. Ya venía así.  Creerá que le creemos. En todo caso no le importa. Los simios siempre han carecido de conciencia. Así que mientras él se receta cuarenta y cinco mil quetzales al mes, los campesinos –verdaderos trabajadores– de este país, a duras penas ajustan seiscientos quetzales al mes –cuando bien les va– entre jornal y jornal. Los campesinos también son hijos de Dios, ciudadanos notables y de verdad corren innumerables riesgos. Uno de ellos es que ese Ejército –de escritorio– llegue  un día de estos, a la aldea y  “en apoyo de la Policía” los desaloje de sus tres cuerdas de tierra, en defensa de la propiedad privada y a pedido de finquero tan honorable como los generales. Se amparan en un inexistente Estado de derecho, que solapa sus hechos delictivos: bono de riesgo y responsabilidad por ejemplo. Este Estado de “derecho” es el que no se atrevió a juzgar al junior de Ríos Montt –también chafa– por los cuatrocientos millones de quetzales que “desaparecieron”, cuando fue encargado de finanzas del Ejército y su papi, Presidente del Congreso.

Así las cosas los transparentes chafas, ¿ya habrán devuelto los mal habidos bonos? Qué piensa su subordinado Contralor de Cuentas. Ya encontraría “la base legal” de la operación bono de simio, para exculpar a esta anómala nomenclatura e indicar orondo: se llenaron los requisitos de ley o “valientemente” encausarlos.

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