Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Volvió la Plaza

Septiembre 2017 no es 1993 ni 2015.

 

— Édgar Gutiérrez
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Los 107 diputados que el miércoles 13 aprobaron su auto-amnistía, han logrado lo que solo Roxana Baldetti y el caso La Línea en 2015: despertar la Plaza. Los diputados se confiaron del aparente éxito de los onerosos net center ultraconservadores y de la ruda campaña a través de las frecuencias radioeléctricas (radiodifusoras y monopolio de TV abierta) que maneja en concesión Ángel González. Habían logrado, en efecto, unos, dividir a la población urbana, y el otro, confundir a la población rural. Los diputados no captaron el impacto en la opinión pública de los cheques de sobresueldo con que benefició el ministro de la Defensa al presidente Jimmy Morales.

El destape del diario digital Nómada comenzó a volcar las redes sociales el martes 12 y el miércoles 13 durante la mañana. De manera que cuando los diputados aprobaron de urgencia nacional esa tarde la despenalización de los políticos implicados en financiamiento electoral ilícito y la conmutación de penas de 400 delitos contemplados en el Código Penal, el clima social ya estaba sembrado de indignación y rabia. Se exacerbó a tal punto que 48 horas después tuvieron que enterrar la auto-amnistía, antes de que adquiriera partida de nacimiento.

Se cayó la máscara mediática del engaño. La lucha anticorrupción va más allá del espectro ideológico y de las condiciones sociales. Corresponde a la moral privada y a la ética pública, es decir, a la convicción de cada cual y la responsabilidad directa e indirecta sobre el uso y destino del dinero público, así como de la eficacia de los controles administrativos, judiciales, políticos y sociales. Los diputados, viéndose en el espejo, no solo legislaron a favor de la impunidad de corruptos y criminales, también torpedearon el corazón de la Constitución: la procura del bien común, que expresa la ética del Estado.

Cuando se desideologiza la lucha contra la corrupción, se recupera el espíritu de la Plaza de 2015, pero además la vieja consigna de depuración de 1993-94; sin embargo, septiembre 2017 no es 1993 ni exactamente 2015. La depuración del Congreso en 1993 fue hegemonizada por las elites económicas “modernas” y lograron un impacto más profundo, que fue acabar con la clase política programática, allanándose para sí mismos el camino que completó la captura del Estado, incluyendo el endeudamiento público. Quizá los diputados a depurar, entonces, no sobrepasaba la docena, pero se tiró el agua sucia con todo y el bebé.

La diferencia ahora es que aquellas elites económicas “modernas” perdieron hegemonía y hay, no una, muchas Plazas en la república que se organizan y movilizan con autonomía. Los acuerdos de elites que no se alcanzaron hasta ahora, serán más restrictivos en el futuro inmediato. La Plaza es la variable independiente que todos deben de tener en cuenta. En relación a 2015 hay también una diferencia. Ya no es enteramente un movimiento espontáneo, hay organizaciones y “colectivos” incipientes que dan vertebración. Y está de vuelta el actor que gestó los momentos cumbre de nuestra Historia del siglo XX, la AEU. La Plaza tiene la agudeza de matizar entre diputados (no los echa a todos en el mismo costal) y, lo más importante, tiene una idea de futuro, que empieza por refundar el sistema de partidos políticos, reformando de la Ley Electoral, para que estos mismos jóvenes y los genuinos líderes comunitarios puedan participar plenamente en la toma de decisiones, sin que la condición sea tener padrinos del financiamiento.

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