Jueves 18 DE Abril DE 2019
Opinión

Para no caer en el abismo

Lo que debe tomarse en cuenta es que la presente crisis no permite identificar un horizonte en el futuro cercano.

 

— Jorge Mario Rodríguez

Para considerar los caminos que podemos tomar los guatemaltecos en el momento caótico que atravesamos, es necesario comprender las razones por las que algunos grandes movimientos sociales de los últimos años, especialmente los de carácter espontáneo, pueden desembocar en sociedades ingobernables. Con las puntualizaciones de rigor, viene a la mente la Primavera Árabe, levantamiento multinacional que, por diferentes razones, desembocó en sociedades anárquicas y violentas. Ese peligro debe ser considerado, si es que la historia, ahora tan acelerada, puede generar pautas para evitar el abismo que se encuentra a nuestros pies.

Una de las lecciones es que las sociedades que se levantan para rechazar estructuras sociopolíticas perversas, deben identificar proyectos concretos que no las hagan caer en el caos. En nuestro caso, la lucha por la transparencia, articulada en un contexto de profundos cambios conceptuales (por ejemplo, la soberanía), no provee por sí misma las claves de cómo organizar el país. Sin ideas claras respecto a los horizontes que se abren para las fuerzas progresistas, se crea una situación de anarquía que será aprovechado por los poderes corruptos para recobrar el espacio perdido. Por esta razón, la lucha contra la corrupción no debe ceder, incluso en medio de la ingobernabilidad.

Como es de esperar, la crisis política, aunada a la falta de proyectos de nación, hace que diversos sectores estén llamando a establecer diálogos capaces de generar pactos para evitar el imparable colapso institucional de Guatemala. Ahora bien, la sociedad debe observar ciertos criterios básicos para sumarse a estos procesos.

Ante todo, se debe proceder con precaución ante el llamado de ciertas élites económicas empeñadas en lograr que sus intereses sigan prevaleciendo sobre el bienestar general. En este sentido, un diálogo genuino, esto es, uno que no es caja de resonancia de ciertos intereses, debe incluir a los movimientos sociales que expresan las más sentidas demandas del pueblo. En la misma dirección, los pactos a ser atendidos deben integrarse dentro de instancias institucionales dotadas de legitimidad y un amplio respaldo ciudadano. Entre estas se encuentra el grupo G4, la Universidad de San Carlos de Guatemala y la Procuraduría de los Derechos Humanos. La reciente Plataforma para la Reforma del Estado, organizada por la Usac en el 2015, por ejemplo, constituye una iniciativa que puede ser retomada con las modificaciones que dicta la experiencia reciente.

Con todo, lo que debe tomarse en cuenta es que la presente crisis no permite identificar un horizonte en el futuro cercano. Por esta razón, la sociedad debe empeñarse en organizar modelos de autogestión que planteen alternativas a un sistema económico excluyente. Deben movilizarse formas de vida comunitaria que potencien la posibilidad de brindar educación, seguridad y alimentación para los grupos más vulnerables. Solo desde la conciencia de su verdadero poder, los actores sociales progresistas podrán construir un Estado capaz de promover el bien común.

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