Jueves 23 DE Noviembre DE 2017
Opinión

La Independencia

No rompimos las cadenas sino simplemente nos soltaron.

 

— Méndez Vides
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El himno nacional nos pone solemnes en cuanto suena porque lo aprendimos de pie, firmes, durante la época escolar. Los lunes era día cívico, de canto y saludo a la bandera, formados en orden de estatura del más chico al larguirucho cabezón, haciendo el saludo civil, con la mano recta al pecho en banderilla, de cuatro dedos extendidos sobre el pulgar. Cantábamos destemplados el himno entero, estrofas y coros, sin distraernos. Todos atentos, viendo el cielo azul y el pabellón alzándose en su asta. Y en lo que duraba el canto, yo iba analizando el sentido de las palabras, la emoción de Guatemala feliz, porque la felicidad borraba la incómoda terminación del nombre de la patria, y significaba el orgullo de quienes habían roto viejas y duras cadenas, y no querían volver nunca a sentir el yugo de los tiranos. ¿Fuimos esclavos? La independencia significaba haberse liberado de cierto estado de esclavitud, y la cadena se me atravesaba en la imaginación, convertida en arado para la agricultura y espada para la defensa. Yo entendía que el arado era otro tipo de esclavitud, y la espada se me hacía poco pacífica, como un instrumento que blandiríamos con coraje si algún día una nación extranjera nos quisiera invadir, físicamente, digo, y no advertía entonces que en lo económico seguíamos siendo dependientes, en un mundo donde nadie se libra de ligaduras y dependencias de los demás, como átomos amarrados. Hoy pienso que, para la independencia, los criollos no se quitaron las cadenas de hierro, sino las de los impuestos, porque en lugar de dar utilidades a la Madre Patria, sería solo para ellos. Y lanzábamos el grito guerrero de “antes muerto que esclavo será”. Lo hacíamos maravillados y cautivados, sin entender el sentido.

La estrofa que más se me dificultaba era la de “nuestros padres lucharon un día / encendidos en patrio ardimiento / y lograron sin choque sangriento / colocarte en un trono de amor”. Lo de nuestros antepasados luchando sonaba victorioso, viril y patriota, pero molestaba entender que no hubo tanta acción como presume la letra más adelante. Nosotros no rompimos las cadenas sino simplemente nos soltaron, y nos convertimos en un pueblo de valientes y altivos que no esquivan la pelea, pero en contra de nosotros mismos, como en los días de la guerra interna. Jamás hemos enfrentado a externos porque la lucha está adentro. La verdad es que hoy en día, en los barrios chapines mandan niños pandilleros, que cobran la extorsión, esa cadena. Así no hay paz ni libertad. Pero igual escuchamos o cantamos el himno con solemnidad, y se siente bien el cuerpo navegando en el azul y blanco.