miércoles 13 septiembre 2017
Opinión

Corazón libre

Independizarnos del dolor.

 

— Anabella Giracca

Las palabras de Otto René Castillo, publicadas en la revista Lanzas y Letras, en septiembre de 1958, no envejecen. Como anillo al dedo en estos tiempos en los que para celebrar la “Independencia”, se pacta con la impunidad. Su vigencia insiste:

“La historia de Guatemala es una historia donde alternan las tiranías más oscuras y más abyectas. Desde nuestra emancipación política de España apenas el aire guatemalteco, tenso de claridad y luz, ha conocido poquísimos regímenes que respondan a las necesidades populares. Son claros esperanzadores que viven permanentes en la aspiración del hombre de la calle, de ese hombre que, sin embargo, ha dado lecciones gigantescas de lucha por la causa universal de la dignidad humana, de la libertad y de la independencia.

Guatemala, mi patria, es una tormenta de colores, donde se enciende la estatura altísima de sus ríos, montes y cielos. Sobre este panorama se mantiene alzada la aspiración de sus hijos. En estas latitudes se dan todas las flores y todos los frutos imaginables. Es el país de la eterna primavera. Y, en este clima tan propicio para la inmensa manifestación variable de la vida, pueden y deben darse la felicidad para todos, la dicha para todos, el pan para todos y la rosa para todos. Aquí en esta Guatemala amada debemos asesinar el hambre para siempre.

Sintamos con ella. Sumerjámonos en su estructura y salgamos, después de decirle al mundo lo que hayamos encontrado en ella. Somos parte de Guatemala. Y, nuestro más inmediato deber, es luchar porque Guatemala sea una patria con voz propia y con aliento universal. Tenemos a Guatemala en nuestro corazón: es nuestra dulce tormenta, pero de esta dulce tormenta nacerá, está naciendo, un espacio lleno de palomas y niños. Vislumbro su resplandor. Alzo mis manos jubilosas, las envío con decisión al encuentro de los niños y hacia el encuentro de todas las palomas”.

¿Ha pasado el tiempo? Perrajes de montaña, tormenta de colores y emancipación. Seguimos víctimas de hechos impensables que permanecen guardados en gavetas oscuras. La patria es un asunto de justicia. De reforma. De transformación. De cambio. De reinvención. Solo así, solo resolviendo el franqueado de tortura, muerte, racismo y profundo sufrimiento cotidiano que viven tantos, podremos iniciar con una nueva poesía. De latitudes donde se dan todas las flores y todos los frutos imaginables. Una con nuevo corazón. Porque solo cambiando el dolor por posibilidades limpias y pasos firmes, alcanzaremos la libertad (¡Para todos!).