Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Piloto fugado

Evadir es el camino más fácil pero normalmente tiene el precio más alto después del recuento de daños.

 

— Manfredo Marroquín
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La conducta del presidente Morales se asemeja a la de un piloto de bus del maltrecho servicio de transporte público, que cuando se ve involucrado en un accidente, opta por darse a la fuga, abandonando la escena del accidente que provocó, huyendo de las responsabilidades y de rendir cuenta de lo ocurrido.

No hay tema por importante que sea para el interés de la Nación, que merezca la aparición del mandatario para fijar postura y/o al menos justificar la acción o inacción tomada. Aunque su responsabilidad no es delegable, el vocero presidencial pretende llenar el vacío que su jefe no ocupa, provocando más incertidumbre y desaciertos.

Se presenta el Proyecto de Presupuesto para el año 2018 que contiene modificaciones en monto y condiciones de ejecución importantes que merecen ser debatidas y justificadas pero el mandatario deja en solitario al ministro de la cartera lidiar con el asunto. Hace un año, cuando fue presentado el primer proyecto de presupuesto de su gobierno, apareció aunque en el acto se le vio adormitado.

Cosa similar ocurrió con la interpelación al ministro de Gobernación, quien no consiguió siquiera hacerse acompañar de sus asesores en el referido acto de fiscalización, pues ni el partido oficial lo apoyó para lograr los votos necesarios para que se le permitiera recibir la asesoría de los mismos. Mínimamente, el mandatario debió haber intervenido para pedir a la bancada oficial, acuerpar a su ministro en temas de seguridad. Mas parecía que la simpatía del presidente estaba con el diputado ponente de la interpelación que con su propio ministro.

Tampoco hubo reacción oficial a la decisión de la administración Trump de eliminar el programa de acción diferida para los llegados en la infancia (DACA) que afectará directamente a por lo menos unos 40 mil jóvenes guatemaltecos y a casi un millón de otras nacionalidades, que corren el riesgo de ser deportados y despertar repentinamente del sueño americano, a la pesadilla de volver a una realidad que consideraban superada.

Todos los países vecinos reaccionaron con fuertes declaraciones y acciones, pero igual que con otros temas de interés nacional, no se escuchó la voz del mandatario y cuando se abrió la boca por parte de otros funcionarios, incluido el vicepresidente, fue para provocar otro desatino. Increíblemente la recién estrenada canciller, ante la búsqueda de respuestas de la prensa nacional sobre la reacción internacional que provocó el intento de expulsión del comisionado de la CICIG por parte del mandatario, contestó que esa decisión no había tenido ningún impacto, tratando de tapar el sol con un dedo.

Siguiendo con la metáfora del piloto fugado, los pasajeros del vehículo que conduce el presidente Morales, que en proyección somos toda la población, estamos sujetos a la interminable serie de impericias y giros bruscos de timón provocadas por el piloto que no da la cara pese a los gritos y peticiones de los pasajeros que exigen más responsabilidad y certeza en el manejo al piloto asignado.

Si bien en política no se exige ni requiere licencia para comprobar capacidad de conducir, existen mínimos esperados de conducta y responsabilidad humana cuando se asumen tareas donde están en juego los intereses y el bienestar de otras personas. Evadir es el camino más fácil pero normalmente tiene el precio más alto después del recuento de daños.

Más le valdría al presidente detenerse por un momento y reflexionar sobre su conducta al frente del volante de la Nación, pues cualquier decisión correctiva a como está conduciendo los intereses nacionales, puede evitar que termine estrellándose o perdiendo la licencia, con lamentables consecuencias para los pasajeros de toda esta Nación.

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