Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

Gabo y Einstein

Ah, los guatemaltecos… no podemos vivir mucho con ellos, pero es imposible vivir sin ellos.

 

Fecha de publicación: 12-09-17
Por: Amílcar Álvarez

El maestro de maestros dijo con sabiduría de este pueblo irredento lo siguiente. “No hay nadie que conozca a un guatemalteco o, por lo menos, conoce a alguien que conoce a un guatemalteco. De todas maneras, le preguntaron en una ocasión a un reconocido sabio maestro: ¿Qué es un guatemalteco? Su respuesta fue la siguiente: ¡Ah, los guatemaltecos… que difícil pregunta! Los guatemaltecos están entre ustedes pero no son de ustedes. Los guatemaltecos beben en la misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen de la música. Los guatemaltecos toman en serio los chistes y hacen chiste de lo serio. No creen en nadie y creen en todo. ¡No se les ocurra discutir con ellos jamás! Los guatemaltecos, nacen con sabiduría. No necesitan leer, ¡todo lo saben! No necesitan viajar, ¡todo lo han visto! Los guatemaltecos son algo así como el pueblo escogido, por ellos  mismos. Los guatemaltecos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia y, en grupos, por su gritería y apasionamiento.

Cada uno de ellos lleva en si la chispa de genio y los genios no se llevan bien entre sí, de allí que reunir a los guatemaltecos es fácil, pero unirlos es casi imposible. No se les hable de lógica, pues eso implica razonamiento y mesura y los guatemaltecos son hiperbólicos y exagerados. Por ejemplo, si te invitan a un restaurante a comer, no te invitaron al mejor restaurante del pueblo, sino al mejor restaurante del mundo. Cuando discuten, no dicen: no estoy de acuerdo con vos sino ¡Estas completamente equivocado! Tienen tendencias antropofágicas: así entonces ¡se la comió!  Es una expresión de admiración y comerse a una mujer guapa es señal de una situación admirable; llamarle a alguien “come mierda” es un insulto lacerante. El guatemalteco ama tanto la contradicción que llama “animalón” a las mujeres hermosas y “bárbaros” a los eruditos. Si te aqueja alguna situación de salud te advierten, ¡mano debiste hablar conmigo para llevarte donde un cuate mío, que es un médico cabrón! Los guatemaltecos ofrecen soluciones antes de saber el problema. Para ellos nunca hay problema. Saben lo que hay que hacer para erradicar el terrorismo, encauzar a países pobres del Caribe, eliminar el hambre en África, pagar la deuda externa, quién debe ser el presidente y cómo Estados Unidos puede llegar a ser una potencia mundial. No entienden porqué los demás no les entienden cuando sus ideas son tan sencillas y claras, y no acaban de entender porqué la gente no quiere aprender a hablar castellano como ellos, sino que quieren que todo el mundo aprenda veintitrés lenguas precolombinas que lo que hacen es dividir más a la sociedad. Ah, los guatemaltecos… no podemos vivir mucho con ellos, pero es imposible vivir sin ellos. Dedicado con cariño a los habitantes del mejor país del mundo: !!!!!Guatemala”¡¡¡¡¡ Gabriel García Márquez. Simplemente genial, si se ve en ese espejo no es casualidad.

Por su parte, el maestro de maestros Herr Albert Einstein dijo, hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez. Cierto. El gobierno le da la razón a cada rato y también los extremistas que embrocaron a Jimmy con extrema insensatez, para comerse vivos a doña Thelma y a don Iván, les faltó decir: ¡Viva la corrupción! y, ¡Johnny lo conozco for President! Esas ventoleras se arman cuando los animales heridos olfatean el final, por dicha, los corruptos tendrán que preocuparse por largo tiempo: don Iván se queda. Enquistados en el pasado, tratan de mantener un sistema obsoleto basado en la corrupción pura y dura, sin entender que esa época jamás volverá, por más que construyan un muro hecho de miedo y mentiras. Su anhelo es un Comisionado a su manera que investigue solo lo que ellos quieran, que se deje llevar y sea cuate, le entre a la parranda con patojas en pelota debidamente filmado, y si no hace caso, publicarlo en la red como chisme y declararlo no grato, por infringir la Ley de Tránsito y no ir a misa los domingos, y si va, por no dar limosna. ¡Qué bonito amor!