Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El cambio generacional en la política

El cambio en Guatemala será posible de la mano del ímpetu y el compromiso de los jóvenes.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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En Guatemala es fundamental un cambio generacional en la política. Necesitamos de partidos políticos que busquen crear institucionalidad, que no sean solo vehículos electorales. Partidos que busquen promover con claridad su visión, sus principios y sus aspiraciones de transformación. Políticos con sueños de cambio y no representantes del pasado o defensores del sistema que se desploma. El debate debiese tener carácter de urgencia, de inconformidad con el tiempo perdido, con la falta de respuesta a la problemática de seguridad, a las carencias sociales y a la necesidad de mayor desarrollo económico. Los políticos son agentes de cambio, no la defensa última de mafias, impunidad o ideas trasnochadas.

En un libro de Felipe González, En busca de respuestas, este líder de la incorporación de España a Europa, define al liderazgo político de la siguiente manera: “creo que el líder de un proyecto de cambio tiene que ser por definición rebelde: en primer lugar, rebelde consigo mismo; en segundo lugar, rebelde frente a lo que no le gusta de la sociedad o del mundo; y, finalmente, rebelde respecto a las circunstancias que dificulten el avance del proyecto que se pretende”. Nuestros líderes del futuro no puede ignorar este consejo. No hay nada más triste que observar líderes sin ideas, sin sueños, tan solo con intereses y temores.

Más adelante hace otra reflexión importante sobre la transición generacional. Un problema evidente en Guatemala, un país de jóvenes, pero dominado por viejos. Él explica: “Uno de los problemas del liderazgo fuerte es que tiende a anular cualquier otro liderazgo. Cuando se tienen setenta años, se ven demasiado jóvenes a los que tienen treinta o cuarenta como para asumir responsabilidades de alto nivel. Pero cuando llegué al gobierno con cuarenta, no me veía demasiado joven para presidirlo, ni tenía esa percepción con los ministros de menor edad que nombré”. Su impacto fue evidente. También fue el de Aznar, líder de oposición que lo sucedió en el poder. Otro joven con sueños e ideales. Después las cosas se han complicado en España.

El cambio en Guatemala será posible de la mano del ímpetu y el compromiso de los jóvenes. Ellos serán motores de cambio. Personas de experiencia puede acompañar el proceso y brindar perspectiva, pero sin poder de veto o sin buscar vengar derrotas del ayer o mantener privilegios obsoletos. Se requiere mentalidad de apertura para facilitar puentes entre sectores, flexibilidad para no aferrarse a conceptos teóricos e impulsar acciones prácticas y concretas. Entender las diferencias, pero buscar los entendimientos. No se requiere que los políticos limiten la libertad y creatividad de las personas. Su tarea es crear espacios de oportunidades, marcos legales, instituciones que potencien y programas que apoyen el desarrollo de personas, comunidades y del país, en su conjunto. El desafío de la política no radica en la prédica atractiva, sino en la puesta en práctica de ideas de cambio, de objetivos alcanzables. Es tiempo de un cambio generacional. Nos toca ser facilitadores del cambio, no su freno.

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