Jueves 23 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Del choque de trenes no hay ilesos

Pero salen oportunidades

 

— Edgar Gutiérrez
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La crisis de Estado que provocó el propio presidente Jimmy Morales lo ha dejado, a él mismo, desgastado y muy malparado. Sin necesidad, se ha corrido hacia el bando de la corrupción, mancillando la banda presidencial, símbolo de autoridad y continuidad, y traicionando su juramento de defensa de la Constitución. Tristemente Morales es ahora noticia en los diarios y revistas más influyentes del mundo, así como en los principales foros internacionales, por su boicot empedernido al líder de la lucha contra la corrupción en Guatemala, Iván Velásquez.

La tormenta en el vaso de agua que ha generado Jimmy Morales lo puede succionar, después de que rompió groseramente los puentes de relación con sus aliados naturales (que están contra la corrupción) dentro y fuera del país. El vicepresidente Jafeth Cabrera está más cerca que nunca de Morales. Y quienes alientan efusiva o discretamente al presidente a su aventura insensata, manejan plan “b” y “c” en la cartera, por aquello de que el presidente fracase, que es lo más probable. El cronómetro del antejuicio se echó a andar en el Congreso y Morales no la tendrá fácil en la Comisión Pesquisidora, ni en el Pleno.

Entre tanto, el comisionado Iván Velásquez, acostumbrado a lidiar con verdaderas conspiraciones (Uribe, por ejemplo, y los paras colombianos), sigue su trabajo, sin perder tiempo.

Las crisis políticas hacen caer máscaras e inflaman ambiciones oportunistas, pero además desvelan las agendas. La primera agenda que sacó el presidente Morales es que quería una CICIG contra las maras y el narcotráfico, no para hincar el diente a la raíz del problema: la descomposición del Estado. La segunda agenda salió del sector privado organizado, y es que quieren una CICIG contra grupos que presuntamente se financian de manera ilícita a través del robo de energía eléctrica y contra otras organizaciones que boicotean las inversiones en recursos naturales. Para que la CICIG haga esto, se tendría que modificar sustancialmente el acuerdo con la ONU, pues no hay indicios razonables de esas agrupaciones, ni los sindicatos públicos, hayan constituido Ciacs.

Pero hay un punto atendible de esta segunda agenda, que se refiere a los procesos judiciales. La prolongada prisión preventiva y la publicidad de las acusaciones. Varios estudios sobre el Sistema Penitenciario han revelado desde hace más de una década que alrededor del 30 por ciento de los detenidos no tienen juicio, incluso ya cumplieron la pena que les correspondería si son sentenciados. El problema es visible hasta ahora por la persecución de delitos de cuello blanco. Sobre la publicidad de los casos se dice que predisponen al juez por la presión mediática, pero la alternativa del secretismo tradicional es que predispone al juez a lo típico, que es el soborno bajo la mesa y la discrecionalidad absoluta.

Buscando salidas, conviene revisar la base de la justicia transicional: verdad, justicia y reparación. En julio, como ya escribí, CICIG alcanzó el punto de inflexión cuando imputados de alto calibre admitieron responsabilidades. Sobre esa verdad se construye la justicia. Ese es punto de inflexión es lo que Jimmy Morales desestabilizó, llevando al país al borde del precipicio. Ahora, para liberar el cuello de botella del sistema judicial simplemente hay que reformar el Código Penal, que no contemplaba juicios complejos (contra Ciacs) como los que llevan el MP y la CICIG desde 2015, y poner de una vez en marcha la famosa “ley de los brazaletes”.