Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

Enfoque: ¿Y ahora? La búsqueda de una solución necesaria

No hay que permitir que Guatemala vuelva a la deriva.

 

Fecha de publicación: 06-09-17
Por: Gonzalo Marroquín Godoy

Recientemente, conversando con José Rubén Zamora sobre los acontecimientos que hemos vivido en Guatemala durante los últimos diez días, me decía que el país está en un “laberinto perfecto, porque no hay salida”.  La verdad es que es una frase lapidaria, pero muy acertada de acuerdo al momento y a la realidad sociopolítica nacional.

Mi impresión es que en esta batalla –hasta ahora– la ha perdido la lucha contra la corrupción y la impunidad.  Eso significa que el gran perdedor es Guatemala, porque se corre el riesgo de que las mafias criminales y las mafias políticas tomen nuevo aire y, en pocas palabras, que lo que hemos avanzado se pierda.

El debilitamiento innecesario al que el presidente Jimmy Morales ha sometido al MP y a la CICIG me hace ver que en el futuro –si no hay un cambio de rumbo en la tendencia de los acontecimientos–, la “clase política” podrá esconderse de nuevo detrás del manto de impunidad, el mismo que nunca se había logrado romper hasta que Iván Velásquez decidió entrarle de lleno a las estructuras criminales formadas en torno a los partidos políticos y que han cooptado las instituciones del Estado.

Con el MP en vías de perder fuerza por el cambio de Fiscal General en mayo del año próximo, y Velásquez que ha sufrido el desgaste natural del enfrentamiento público, no hay muchos argumentos para ser optimista.  No hay que permitir que Guatemala vuelva a la deriva, como tampoco se debe dejar a la “clase política” retomar el control del país.  Esta crisis no es fácil de resolver. El problema es que la polarización manifiesta no ha permitido que se pueda tener una visión clara, sin los efectos de la pasión.

Es difícil ser optimista en la coyuntura actual, porque hay fuerzas oscurantistas que no quieren que el país avance, sino que más bien han encontrado en la confusión el  mejor aliado para volver al pasado, ese pasado en el que funcionaban casi a la perfección las estructuras de corrupción y, por supuesto, la impunidad judicial.

En momentos de crisis es cuando surgen oportunidades.  Aquí hay quienes pretenden cerrar todo espacio de solución que permita mantener la lucha contra la corrupción.  Hay discursos a favor del diálogo, pero sugiriendo que hay que “negociar”, cuando la justicia y el respeto a las leyes no son negociables.

Muy pronto se verá el contubernio político que hay para no permitir que avancen las investigaciones sobre financiamiento ilícito a los partidos políticos.  Se ha visto la perversa “alianza” de la clase política marcada por la corrupción –diputados, alcaldes y Presidente–, que anuncia en boca de uno de sus representantes, el alcalde Álvaro Arzú que están dispuestos a “hacer la guerra”.  ¿Qué “guerra”? ¿contra quién la “guerra”?.  Guatemala no necesita ese tipo de “guerras”, necesita de unidad para combatir a las mafias, pera terminar con la impunidad.

Nos guste o no, Guatemala debe reconocer a Iván Velásquez por haber iniciado la lucha contra la corrupción, una corrupción que nos ha sumido en la pobreza, en la desesperanza y en la frustración. Tristemente estamos en el punto en que podemos preguntarnos: y ahora…¿quién podrá defendernos?.