Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Un presidente de asombrero versión reality

El presidente Morales nunca supo a que se metía cuando decidió ser candidato.

 

— Manfredo Marroquín
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La expresión de asombrero tiene varios significados incluso opuestos. Qué tipo más de asombrero puede referirse a alguien valorado positivamente en sus acciones o bien alguien que puede ser llamado así por abusador o alzado.

Al presidente Morales la presidencia le cayó de chiripazo, es decir como haber ganado la lotería sin comprar número. Si somos realistas el gran elector de Morales fue el propio Iván Velásquez que al descubrir el caso La Línea sacudió la conciencia nacional, logrando por primera vez en muchos años, que la población se manifestara en contra del régimen corrupto y obsceno que nos desgobierna desde hace décadas, llevando a que los votantes rechazaran a los candidatos favoritos de la mafiocracia y votaran por el outsider Morales. Sin el destape de todos los casos de corrupción que siguieron a la línea, Morales no hubiera visto cumplir el sueño que él mismo protagonizó en su film, un presidente de asombrero.

El primer acto de la versión reality, y tal vez el que marcara el destino de su presidencia fue no haber reconocido de dónde venía, ni a qué, ni a quién debía haber alcanzado la primera magistratura de la Nación. La población emitió un voto mayoritario esperando que el nuevo político trajera consigo nuevas propuestas y encarrilara el país por una nueva senda que dejara atrás los rastros de la corrupción.

El presidente de asombrero en versión positiva de la expresión, se quedó en el guion de su película y prefirió en cambio, pasar en la realidad a la versión villana de asombrero, mostrándose aliado de quienes fueron rechazados en las urnas por ser aliados abiertos de la corrupción, dándoles gratuitamente, lo que la población le negó en las urnas.

Pensando bien y dándole el beneficio de la duda, el presidente Morales nunca supo a que se metía cuando decidió ser candidato, y tampoco se enteró que hacer una campaña con fondos no declarados era contra las reglas, y que haciéndolo estaba igualándose a quienes la gente rechazó en las plazas y en la votación del 2015.

Es decir, siempre pensando bien, actuó como los que la población rechazaba, pero logrando dar en apariencia otra imagen. Quienes nunca actuaron ni aparentaron nada diferente, fueron los que le alquilaron el taxi electoral FCN con las fallas técnicas ya detectadas por el TSE, el MP y la CICIG, y quienes ahora lo único que quieren del presidente es que cumpla con el recorrido o carrera trazada para ese taxi electoral, así le cueste el puesto o la vida, irse a estrellar contra el paredón o irse al abismo.

En un acto legítimo y no de actuación, el presidente Morales deberá reconocer que perdió el rumbo que la gente esperaba de su conducción en la presidencia, y darle la espalda a quienes le rodean y que son corresponsales de hacerle fracasar anticipadamente, contribuyéndole escenarios donde solo ellos salen beneficiados.

Lo más triste del libreto aun abierto, de un presidente de asombrero versión reality, sería que el mandatario dejara que sean los mismo que le rodean, los que escriban el último capítulo del guion de su presidencia, quienes sin duda siempre tuvieron en su agenda y en mente, a un presidente de asombrero versión negativa.

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