Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿Otro gran diálogo nacional?

Parece ser que con diálogos y pactos podremos avanzar.

 

— estuardo porras zadik
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El tema de un diálogo nacional para lograr el consenso entre los sectores de la sociedad y alcanzar un pacto de país, es un espejismo lírico y utópico que pretende construir “nación” a partir de las negociaciones de las elites de cada sector.

En el año 2015 fuimos coaccionados a participar en elecciones ilegítimas. La irresponsabilidad de las elites sectoriales y su incapacidad de crear las bases que legitimaran el proceso, nos forzaron a acudir a las urnas para elegir nuestro futuro entre una oferta de incapacidad y corrupción, que se manifiestan en su máxima expresión con los sucesos de las últimas semanas. Nada de lo que han puesto en evidencia las investigaciones de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Publico (MP) es una revelación. Guatemala es hoy la misma que siempre ha sido. Los guatemaltecos nos acostumbramos a vivir bajo estas condiciones, convencidos de que un cambio era imposible. De hecho, la posibilidad de un cambio era tan remota para aquellos que lo anhelaban, como para los que a perpetuidad lo habían negado.

Considero importante suscribirme a la era democrática, ya que profundizar en nuestra patética era militar sería casi tan irrisorio como evaluar la conquista. La naturaleza de los partidos políticos es la de privilegiar a sus financistas, con cuotas de poder que permiten la cooptación del Estado. Estos son mecenas con ideologías de fachada, que han logrado hacer que de alguna manera el país camine –al menos en temas de desarrollo económico–, y que siempre han orbitado en torno a este sistema perverso. El problema medular radica en que el sistema fue eficiente en lograr un celoso y exclusivo crecimiento económico, pero fracasó en lograr el desarrollo social. El estancamiento económico y social de la mayoría de guatemaltecos, es el catalizador del combate en contra de la corrupción y la impunidad, impulsado indiscutiblemente por los Estados Unidos de Norte América. País para el cual este flagelo se ha convertido en una amenaza migratoria y de seguridad nacional.

En el año 1954, la prioridad de la agenda americana era el combate en contra del comunismo. Hoy, lo es la lucha en contra de la corrupción y la impunidad. ¿De verdad creen algunos que podemos hacer algo por detener esta agenda? Este proceso será imposible de frenar, y aunque habrá tropiezos que lo desaceleren, la agenda no tendrá marcha atrás. Es por eso que pretender un pacto de país es prematuro y a mi parecer, ingenuo, ya que el sistema se debe destruir antes de intentar construir uno nuevo. Este pacto sería ilegítimo, al igual que lo fueron las elecciones que llevaron al poder a Jimmy Morales. Construir sobre las mismas bases, con los mismos protagonistas y con agendas enmascaradas, redirá los mismos resultados del pasado.

Un grupo que llama a la reflexión no es la solución, como tampoco lo son las propuestas de los extremos ideológicos, que solo han logrado polarizar aún más una ya suficientemente polarizada sociedad. La solución es una: permitir que los llamados a desarticular el sistema corrupto e impune que nos gobierna –y nos ha gobernado históricamente–, hagan el trabajo para el que fueron encomendados. Los efectos colaterales son inevitables, como lo es que sus protagonistas salgan ilesos. El gran pacto nacional solo será posible cuando sea legítimo. Hoy, no lo es.

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