Martes 25 DE Junio DE 2019
Opinión

Gobernados por el desgobierno

El problema estriba en que para construir nuevas fuerzas sociales y políticas no hay formula instantánea.

Fecha de publicación: 29-08-17
Por: Manfredo Marroquín

Hace un año escribí una columna con este mismo título, vaticinando una nueva administración en crisis permanente ante su manifiesta incapacidad de fijar prioridades y responder coherentemente a las demandas más sentidas de la población, advirtiendo que el cuatrienio, que es período de Gobierno más corto conocido en los regímenes presidenciales, empezaba a parecer algo casi inalcanzable.

El gobierno siguió en la misma ruta de colisión que los anteriores tomaron, contravía a las expectativas ciudadanas, y ahora está llegando a la orilla del precipicio a velocidad tope y sin frenos. En la misma columna que hoy podría reproducir literalmente decía que “lo que estamos experimentando es la combinación de una ciudadanía cada vez más consciente y demandante que choca con una clase política inmadura e incapaz de responder a las expectativas de la primera. Es cierto que el poder político para gobernar es cada vez más reducido ante la existencia de poderes fácticos con poder de veto, pero precisamente el arte de llegar a gobernar está en hacer crecer ese poder obtenido en las urnas para la realización de planes, programas y objetivos nacionales y no despilfarrarlo como ocurre con los gobiernos en Guatemala.”

No se entiende en ciertas elites que ya no es posible seguir gobernando el país en base a decisiones que no toman en cuenta el conjunto de intereses que se verán afectados por las decisiones que se toman. Eso fue así durante casi toda la historia de la República, pero la globalización también trajo consigo la aparición de una ciudadanía más activa y demandante que tiene conexiones globales y los espacios para seguir actuando aldeanamente son cada vez más reducidos.

La justicia también está experimentando un acelerado proceso de globalización y la CICIG es un ejemplo paradigmático de ese fenómeno, al punto de ser un referente mundial. Por eso el intento del presidente de frenar el ritmo de trabajo de la comisión solo podía caber en mentalidades rústicas divorciadas de la dinámica mundial y nacional, que todavía aspiran a gobernar con mentalidad aldeana.

Lo mismo está ocurriendo en el mundo de los negocios, donde crecientemente el comercio formal de las empresas más grandes solo será accesible a empresas que tengan estándares y programas de cumplimiento de políticas verificables en los planos fiscal, laboral, ambiental y de transparencia.

En otras palabras, el país se encuentra en una tensión permanente entre opciones de poder con visión jurásica que fue siempre la dominante y una ciudadanía insatisfecha que ya no encuentra respuestas en ellas. El problema estriba en que para construir nuevas fuerzas sociales y políticas no hay fórmula instantánea y será el tiempo que tome formarlas, el que vivamos en situación de tensión e inestabilidad pues pensar que las viejas opciones de poder se adapten a la nueva realidad es un sueño imposible.

En política hay agenda operativas y sustantivas, el país debe al menos ponerse de acuerdo en una agenda operativa para hacer funcionar las instituciones del Estado que prestan los servicios públicos esenciales, como el de seguridad, justicia, salud, educación e infraestructura. Si podemos ponernos de acuerdo en eso tendremos el piso necesario para discutir la agenda sustantiva del país que queremos y podemos soñar para el futuro.