Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

Digamos, no a la miseria

El sistema social debe estar diseñado para que todos tengan lo necesario para tener alimentación, educación y salud.

 

Fecha de publicación: 26-08-17
Por: Jaime Arimany

Históricamente los países centroamericanos hemos sufrido continuamente de un estancamiento en el desarrollo, se salvan Costa Rica y Panamá, países en los cuales el nivel de vida ha mejorado ostensiblemente desde finales del milenio pasado, ambos han terminado con el analfabetismo y no se han visto involucrados en problemas agrarios, agravados por un adoctrinamiento equivocado, en el cual cientos de miles de personas se sienten desposeídas de tierras que nunca fueron de su propiedad, ni de sus antepasados, con una irresponsabilidad completa al tener hijos que ni siquiera pueden alimentar bien, pensando que cuando crezcan, sin darse cuenta de que no les va a alcanzar el valor de su producto para alimentar a los nietos, les van a ayudar a su sostenimiento.

Entre los mayores enemigos de la eliminación de la miseria, se encuentran aquellos que se sienten salvadores y guías de los más pobres, ignorantes de un estudio de la economía que han usado los países desarrollados cuando no lo eran, muchas veces apoyados en una errónea interpretación de la religión y de un falso amor al prójimo, que se sienten sabios por haber ido a la universidad, sin darse cuenta que sus maestros les enseñaron un camino equivocado, por lo cual propugnan leyes e inclusive abusos que están en contra de los diez mandamientos. Así vimos en el pasado, a sacerdotes e inclusive obispos, que se entregaron a Cristo, dejando a sus padres y dedicándose al servicio de Dios, doctrinar y alentar a sus feligreses, para tomar las armas y realizar despojos ilícitos de propiedades ganadas con sudor y lágrimas, que muchas veces terminaron en el secuestro y asesinato de los legítimos propietarios.

La gran pregunta que debe hacerse toda persona con buena voluntad, que realmente quiere ayudar a los más necesitados, es: estaré equivocándome y al querer hacer el bien, ¿estaré fomentando acciones que darán malos resultados en el largo plazo?

Lo tremendo es que los países desarrollados, en su afán de ayudar a las naciones pobres en el mejor de los casos, o en el peor de ellos, pareciera que evitan seamos competitivos, quizá por temer una futura competencia si nos desarrollamos, al financiar y alentar a personas y grupos que proponen cambios y sistemas de irrespeto, que en sus países nunca tuvieron cuando estaban subdesarrollados, porque si lo hubieran hecho estarían, al igual que nosotros en el camino de la amargura.

Es importante una buena educación porque nos permite enterarnos y aprender, o reforzar lo que nos enseñaron, que debemos actuar con ética y responsabilidad, comportamiento que se inicia desde que nuestros padres nos concibieron, es decir: si trajimos al mundo a una persona, que tiene un valor incalculable por ser único en el universo, no hay dos iguales, ello nos obliga a ser responsables de su bienestar y desarrollo.

El Estado no es naturalmente el responsable de la alimentación, la salud y la educación de nuestros hijos, esa responsabilidad se la hemos delegado, pero realmente la tenemos los padres; por lo tanto, si traemos al mundo a una persona debemos tener la capacidad de proveerlo de esos servicios.

El sistema social debe estar diseñado para que todos tengan lo necesario para tener alimentación, educación y salud; se ha acostumbrado a través de los impuestos a obtener escuelas y centros de salud gratuitos. Pero eso puede cambiar, podemos lograr un sistema social diferente, en que toda familia tenga ingresos para elegir y pagar directamente por esos servicios.